Día 19. Lone Pine - Yosemite
Tiago | 28 Julio, 2009Hoy tocaba la visita al último parque nacional y lo íbamos a hacer a lo grande. Yosemite nos estaba esperando. A la salida de Lone Pine ya hemos podido comprobar cómo se las gastan los californianos en la gasolina. El sitio más barato creo recordar que fue Oklahoma a 2.12 el galón y por aquí está a 3.15. Gracias a gasbuddy.com, una página imprescindible para planificar dónde echar gasolina a buen precio, hemos encontrado a 2.80 así que a llenar el depósito para quemar rueda. Hoy ha sido una etapa bastante dura de coche. Luego comentamos.
Después de unas cuantas millas (a estas alturas de viaje 100 millas se pasan volando) hemos decidido desviarnos del Tioga Pass, para ver Bodie. Justos después del desvío está el Mono Lake, que es un lago bastante bonito. Una vez que te acercas huele bastante mal, pero llama la atención que, desde lejos, parece como si hubiera una especie de capa de suciedad o barro encima del agua. Es como si en la costa hubiera una capa de chapapote. Tienes que estar realmente cerca para darte cuenta de lo que realmente es: es una maraña ingente de insectos, una especie de moscas, en tal cantidad que parece un manto opaco. Las gaviotas bajan a comérselas y se va formando un revoloteo que despeja ese trozo del agua y se vuelve de color azul. Muy curioso.
El pueblo de Bodie exige un desvío de una hora y pico con las últimas millas por un camino sin asfaltar, pero realmente merece la pena. Es un antiguo pueblo minero abandonado y se ha reconvertido en parque estatal. La entrada vale 5$ por persona. El pueblo es típicamente del oeste americano, con todas las casas de madera y las tipicas tiendas, establos y cantinas que se podían encontrar ahí. No es una reconstrucción ni una especie de Eurodisney, sino un pueblo real. Algunas casas han sido restauradas, pero la sensación de andar por allí es genial. Sería algo así como el pueblo de Regreso al futuro III o de cualquier película del oeste. No hay Saloon, pero hay algunas tiendas en las que te puedes asomar, algunos bares que desde la ventana se ven cervezas y billares, una iglesia, una tienda de comestibles y hasta la cabaña del enterrador en la que se pueden ver ataúdes de todos los tamaños. En la mayoría no se puede entrar, pero se ve algo desde fuera. Si tienes tiempo es una visita que seguro que te encantará. Originalmente era más grande, cuando la mina de oro funcionaba a pleno rendimiento, pero después del abandono muchas casas desaparecieron.
A la vuelta nos esperaba Yosemite a través de su imponente entrada este, el Tioga Pass, una carretera de bastantes millas que sólo está abierta en los meses de buen clima, ya que la carretera se hace impenetrable en invierno. Casi antes de entrar al parque el paisaje se vuelve precioso. Los picos están nevados incluso ahora mismo a finales de julio y se sube hasta casi la misma altura. Comienzan a aparecer los primeros lagos y riachuelos y las praderas verdes lo llenan todo. Hay muchas millas de carretera hasta lo que realmente es el parque, el llamado Yosemite Valley, pero la carretera es una belleza inigualable. De alguna manera todo te suena conocido, ya que estos parajes han sido fotografiados en miles de ocasiones. Si vas a comprar un marco, probablemente contenga algún rincón de estos paisajes.
Si cada parque podría definirse con un adjetivo, el de Yosemite sería “belleza”. Aquí hay una armonía entre el agua, los bosques y las montañas que no te lo puedes creer. Hay que advertir que la carretera es muy exigente y no se puede contar el tiempo como lo has podido hacer el resto del viaje. Aquí se va muy despacio ya que podríamos decir que recorres 100 millas en un puerto de montaña.
Una de las cosas que más nos han gustado del parque ha sido Mariposa Grove, que en un bosque de sequoyas de hasta 3000 años de edad. Hay varias decenas de ellos de una gran altura, pero la anchura sobrepasa los límites de lo que esperas de un árbol. Cada una de las raíces multiplica varias veces la anchura de una persona. Algunos de los árboles están talados y puestos en horizontal, de cuando esta zona se explotaba por industrias madereras. Si verlos de pie impresiona, tenerlos tumbados en el suelo te permite entender mejor la envergadura de estos monstruos. Probablemente haya árboles más grandes, pero desde luego son los más grandes que yo había visto jamás.
El alojamiento dentro del parque es el más modesto que hemos tenido, que no el más barato. Es una especie de hilera de tiendas de campaña desperdigadas en medio del bosque. Estoy escribiendo esto junto a mi tienda debajo de un montón de árboles en un tupido bosque muy similar al hogar de los Ewoks de Star Wars. También recuerda a Viernes 13. Puede que nunca hayas estado aquí, pero cuando te viene a la cabeza una imagen de campamento americano seguro que estás pensando en el entorno que tengo a mi alrededor. La cabaña es muy austera, pero es tan especial y distinto que estamos muy contentos con habernos alojado aquí. La temperatura es ideal y no corre un pelo de aire. Desde que hemos llegado a esta zona hay carteles de osos por todas partes e incluso nos han hecho firmar un papel en el que asegurábamos, bajo pena de multa, que no había dejado comida en el coche que pudiera atraerlos. Junto al alojamiento hay una especie de cajón de metal que se supone que es antiosos para evitar que lo puedan abrir. Ya nos han advertido que suelen estar por aquí cerca. Lamentablamente no hemos visto ningún oso, pero un par de mapaches se han paseado por las mesas donde estábamos cenando en busca de comida. Por cierto, en ningún parque se puede alimentar a los animales. Cosa razonable por otra parte.
No vamos a poder hacer ninguna ruta muy larga por el parque, sólo paseos cortos, pero nos damos por satisfechos con la maravilla que hay aquí. Nos despedimos con pena de los grandes parques nacionales estadounidenses, pero como decía al comenzar esta etapa, lo hacemos a lo grande. Sólo Yosemite podía poner el broche de oro a semejante espectáculo de la naturaleza que ha pasado ante nuestros ojos durante estas tres semanas.








