Día 3: Chicago - St. Louis
Tiago | 13 Julio, 2009
Primer día de carretera y toma de contacto con la 66. ¡Es encantador!. Pero vamos por partes…
La salida desde Chicago ha sido perfecta. Era domingo y no había casi tráfico, así que tras un buen desayuno americanohemos emprendido el viaje a St. Louis en Missouri. Teníamos unos cuatrocientos y pico kilómetros, pero como ha sido el comienzo del viaje lo hemos hecho con ganas. Las carreteras son muy buenas, con varios carriles y la conducción es muy cómoda. La velocidad máxima son 65 m/h, que vienen a ser unos 110 km/h y la verdad es que todo el mundo lo respeta. En ese sentido tengo que decir que la impresión que tengo hasta ahora es que aquí se conduce de forma bastante prudente. La gente te deja pasar en los cedas el paso y nunca hay problemas para cambiar de carril.
La 66 ha sido “machacada” por la interestatal 55 y en este último tramo ya la 40, pero existen muchos tramos de la ruta original que discurre paralela a la autopista. No es nada difícil encontrarla y a lo largo de los kilómetros hemos recorrido realmente muchos trozos de la ruta original. De hecho, por cuestión de tiempo hemos decidido no recorrer algunos de ellos, así que nadie se quedará con las ganas ya que hay bastante trozo auténtico.
Es muy difícil explicar aquí la cantidad de cosas que hemos podido ver en un día de carretera. Cada pueblito es genial y en cada uno de ellos te asomas por un edificio abandonado y encuentras alguna sorpresa agradable. Puede ser un tractor abandonado, unas vías de tren, una tienda de antiguedades, un conjunto de autobuses amarillo del colegio y una lista interminable de cosas. Hemos disfrutado esta jornada de “road trip” como enanos.
El primer contacto real ha sido con el pueblo de “Chenoa” y ha sido casi por casualidad. Íbamos buscando un bar para tomar algo y comprar unas cosas y hemos acabado en una pequeña ciudad que si lo tengo que resumir en una expresión sería “el pueblo del terror”. No había nadie por las calles, absolutamente nadie, y sin embargo todo el pueblo estaba intacto. Lo que sería la calle principal tenía un barbería, una farmacia y tiendas por el estilo, pero la sensación general era fantasmal. Hemos llegado a dudar si realmente era un pueblo habitado o era una especie de escaparate para el turista (aunque no era nada turístico).
Finalmente nos ha asaltado un hombre mayor y nos ha metido a una especie de ayuntamiento diminuto que cumplía otras muchas funciones en tan pequeñito pueblo. La situación era surrealista. Había estado varios días en España cuando estaba en el ejercito. Por cierto, empieza a ser una constante: aquí todo el mundo ha servido alguna vez a la patria, incluso algún motero tipo Hulk Hogan con el que hemos estado hablando. El pueblo era bonito, misterioso, decadente y surrealista. Esta experiencia se ha ido repitiendo en casi todos los sitios donde hemos ido parando.
Con lo poco que hemos visto (en realidad ha sido mucho, pero es poco en comparación con lo que queda) hay ideas que ya se van formando en la mente. En general las casas de la gente son encantadoras, con los típicos jardines delante, pero suelen estar perfecta, bien decoradas y cuidadas. Por esta zona son casi todas de estilo colonial, muy blancas, con listones de madera horizontales y motivos patrióticos por doquier. Nadie que no haya estado aquí se puede imaginar la cantidad de banderas de Estados Unidos que hay por todas partes.
Desde la carretera se ven casas impresionantes. Como hay tanto terreno se podría decir que hay una casa cada kilómetro, y suelen tener varias “casetas”. En ninguna falta el típico granero granate con el tejado blanco. Realmente todo parece una película porque aunque vienes con la idea de que las cosas son así, es que realmente son así. Todo es como te lo imaginas, pero la sensación de estar por aquí es muy buena.
Tengo algunos problemillas para subir las fotos. En cuanto pueda, y si no a la vuelta, colgaré bastantes.
La gente es realmente maja y educada. No parece que eso sea algo que vaya a cambia, aunque ya iremos comentando. En uno de los pueblitos de la 66 había algo que rezaba como “Museo de la 66″ y nos hemos metido literalmente en el salón de la casa de una pareja de ancianos que habían montado un museo de lo que en su momento fue un próspero restaurante, ahora cerrado y en una zona casi abandonada. Era más bien un museo de su vida y no merece la pena su visita, pero la pareja ha sido tan encantadora y se ha alegrado tanto de hablar con nosotros que ha sido un momento muy curioso.
Hemos terminado en St. Louis, una ciudad de la que no esperaba gran cosa y la verdad es que mola bastante. Ha coincido que jugaban un partido de baseball Allstars, que son unos partidos en los que se juntan los mejores de la liga o algo así. Se veía parte del estadio (impresionante, por cierto) y la ciudad estaba invadida de banderines, puestos, camisetas y gente en general. Un Madrid-Barcelona, para que nos entendamos.
Me dejo bastantes cosas de comentar, pero ya toca descansar. Esta vez en un motel de carretera a las afueras de St. Louis. Ha sido una gran etapa. La 66, los paisajes, la gente y la mezcla de autenticidad y decadencia están cumpliendo con creces la idea que traíamos.
Tengo algunos problemillas para subir las fotos, así que ya lo haré a la vuelta. Por cierto, las fotos, ni éstas ni las que veáis por internet, hacen justicia la experiencia que se tiene cuando estás aquí.
