Viaje ruta 66

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Reservas de moteles

Freddd | 25 Mayo, 2010

zz_1420-exter-1Lo prometido es deuda, voy a hablar de las reservas de moteles/hoteles, una de las cuestiones más complicadas y laboriosas para la planificación del viaje, es necesario analizar varios factores.

Lo primero es hacer un cálculo de los kilómetros totales para saber que media haremos cada día. Hay zonas en las que se va más lento porque hay más cosas que ver y otras con menos interés nos quitamos más kilómetros pero siempre tratando de no darse pálizas continuadas al volante…

Por otro lado tenemos el factor económico, si este no existiera probablemente no llevaríamos ningún motel2097542-flamingo-las_vegas reservado, pararíamos cuando estuvieramos cansados y en el motel que más nos gustase independientemente del precio. El tema de cerrar los moteles en su mayoría desde España es en gran parte por este factor, no quiero llegar allí y estar preguntando en varios lugares a ver cual es el precio y si tienen habitaciones libres, es un tiempo que no quiero perder, mirando en internet se ven rapidamente las diferencias y vemos los que más interesan por zona y precio pero eso en el destino es muy complicado y puede traer más de un quebradero de cabeza.

Teniendo ambos factores claros nos podemos meter en harina, sabemos más o menos los km de cada día y la zona aproximada en la que pararemos, sólo queda ver que ciudades hay en esa zona en un radio pequeño de kilómetros y ver de todas las opciones cual puede tener más atractivo a la hora de pasar la noche. Lo bonito es dejar las cosas en el motel  poder dar un paseo y  para ello el sitio debe ser interesante, si paramos en un motel en mitad de la carretera nos toca o coger otra vez el coche o directamente echarnos a dormir, por ello es importante seleccionar la ubicación que más interés pueda tener. Además teniendo un margen de presupuesto, por ejemplo de 70 a 90 dolares en una localización concreta podemos tener la opción de decidir sobre un motel que sea interesante por si mismo, en este sentido a lo largo de la ruta hay muchos moteles con encanto, un ejemplo fue el que expuse en el post anterior y que encontré de casualidad. Lo que hago es ubicar en bigtexansteakranchsigngoogle maps la zona en la que voy a parar y escribir en el buscador la palabra “motel” para que me gmaps puntee todos los moteles en esa zona, luego hay que ir entranando en los moteles, viendo la zona, el precio y el motel en sí. Podríamos con todo lo dicho dividir los moteles en 2 grandes grupos, los que están bien ubicados y son baratos pero no ofrecen nada en si mismos y los que teniendo o no todo lo anterior son una atracción turística para nosotros, en algunos casos esto no saldrá caro ya que alojarse en la típica casa americana convertida a motel para nosotros puede ser muy excitante pero tal vez sea algo muy cutre para los americanos y por ello no siempre se verá reflejado en el precio.

Con toda esta explicación voy a hacer una pequeña descripción a modo de listado de los moteles que nosotros hemos elegido, faltan unos cuantos todavía pero esto puede dar buena muestra del grueso de las vacaciones. Como sabeis nuestro viaje es basicamente la ruta 66 pero durante bastantes kilómetros nos desviamos por zonas de parques naturales y carreteras con interés que se alejan de esta ruta. Los precios que pongo están con las dichosas tasas incluidas, he de decir que finalmente hemos estirado un poco más el presupuesto para alojamiento porque creo que puede completar la experiencia de este viaje, cuando tenga los que faltan los pondré en otro post.

Hoteles en los que buscamos ubicación y precio.

-Inn of chicago (Chicago). es una de las ciudades más caras y lo que queremos es estar en el centro del downtown así que elegimos este que estaba a precio razonable y muy centrico, 104,23 dolares por noche.

-Kokopelli Lodge ( Moab) en esta ciudad hay unos cuantos moteles, ninguno es realmente espectácular por lo que primó el precio más que en ningún otro,  67 dolares la noche.

-Mexican Hat Lodge (Mexican Hat) ocurre algo parecido al anterior, hay pocos moteles y este es de los económicos así que no hubo duda, 72,77 dolares.

-Page Boy Motel (page), esta ciudad también es diminuta y no tiene si mal no recuerdo más que 2 moteles, aún así este si tiene cierto encanto, 86,81 dolares.020338_ext_02_j

-Dow Villa Motel (Lone Pine), como en los lugares anteriores hablamos de un pequeño pueblito con muy pocos moteles así que era uno u otro, en este caso 68 dolares.

-Hotel Astoria (San Francisco) como en Chicago aquí lo importante era que estuviese centrico y a un precio normal ya que los hoteles son parecidos y si realmente quieres un gran hotel el precio puede dispararse, este ha salido por 65 dolares que no esta nada mal.

Hoteles con algún aliciente especial

-Dickey House (marsfhield) de este hablé en el anterior post, sobran las palabras, es complicado encontrar algo parecido en nuestro en España, el precio más que razonable,. 97,90 $

-Big Texas Ranch (Amarillo) más que por el motel en sí que es normalito el aliciente es que es el local más famoso para comer carne, parodiado en cine y tv (el don solomillón de los simpson por ejemplo) este local tiene el aliciente de pegarte una buena cena antes de caer derrotado en la habitación, precio 80,50 ~

luxor-The Canyon country inn (Williams) último pueblo de la ruta, nos despediremos a lo grande en esta típica casa americana transformada en motel, llevado por una familia tiene el encanto y la esencia pura del corazón de los EEUU. El precio 82,32 $

-Luxor y Flamingo (las vegas), las 2 noches que estaremos en las Vegas hemos decidido darnos un pequeño capricho, tenemos la mala suerte de llegar en fin de semana, viernes y sábado donde los precios pueden llegar a triplicarse, es una lástima porque los hoteles no son nada caros y si vas entre semana puedes alojarte en uno de los grandes a un precio asequible. Así que sin tirar la casa por la ventana pero inviertiendo algo para no estar en los hoteles más flojos del strip así que hemos decidido la piramide (el luxor) que nos recomendó Tiago y el Flamingo con el cartel típico de las películas, si mal no recuerdo era el que robaban en Ocean,s Eleven. El precio 117,13 y 120,43 respectivamente.

-Curry Village (yosemite) en este caso es de los pocos lugares donde alojarse, este dentro del parque y en nuestro caso hemos elegido las pequeñas tiendas de campaña con estructura, todo lo que esta hecho de cemento y ladrillo en este lugar tiene precios elevadísimos así que esto nos parece suficiente para vivir la experiencia de dormir en mitad del bosque con la imposibilidad de salir al baño por el miedo a que un Oso pueda comernos una pierna (o algo peor) de un bocado.

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Alojamiento, Preparación, Puntos de interés, Ruta 66

Día 16. Williams - Las Vegas

Tiago | 27 Julio, 2009

Para empezar no tengo Wifi ni hoy ni mañana, así que voy a tener que publicar estos dos post en diferido. Parece mentira que en Las Vegas, la ciudad en la que hay absolutamente de todo, te obligue a pagar casi 20 € por conectarte a internet en el hotel, cuando hay wifi gratis hasta en el peor de los garitos.

Hoy tocaba la despedida de la ruta 66 en uno de los tramos que más me han gustado. El trío Williams-Seligman-Kingman es de lo mejorcito y seguro que no defraudará a nadie. Seligman es encantador, con los famosos maniquís en una de las tiendas de la 66, pero cualquiera de ellas tiene algo especial. En la primera que se ve (viajando de este a oeste) tiene un garage lleno de coches y uno de ellos era especialmente friki, con un montón de colores y trastos y un árbol de navidad en la parte de atrás. Cual ha sido nuestra sorpresa cuando hemos visto que el coche funcionaba y se daba paseos con música por la calle principal de Seligman.

Desde aquí hay un tramo bastante grande hasta Kingman de la 66 original, así que ya no teníamos que volver a coger la interestal 40 nunca más. En Kingman sí que era el punto definitivo y hemos entrado a echar una cerveza en uno de los bares más auténticos de toda la ruta. Ni siquiera era un bar para moteros. Era un bar para la gente del pueblo en la que parecía que se reunían para ver partidos de beisbol, Nascar o lo que fuera. Hemos comido en un Dr. 66 dinner, o algo similar, siendo también muy cincuentero en la línea de otros que hemos estado ya antes. Nos han servido los mayores hot dogs que habíamos visto. Uno de ellos era con chili, que es una especie de carne picada, y prometo que no es posible que pudieran poner tantas cosas encima de un perrito. Una pasada. Eran tan grandes que prácticamente había que comérselos con cuchillo y tenedor. Muy recomendable y siguiendo en la línea del superengorde de la ruta.

Kingman está bastante bien y hemos parado a hacer la última foto en unas pintadas que hay en unos edificios. Ha dado pena abandonarla.

Y de ahí desvío al norte para ir a Las vegas. No teníamos pensado hacer dos noches, pero en una decisión de última hora hemos preferido estar dos días en esta ciudad loca. Eso sí, en dos hoteles diferentes, el Stratosphere al norte (el pirulí) y el Luxor al sur (la pirámide), pero de Las vegas hablaré en el próximo post.

Hemos pasado por Hoover Dam (la presa Hoover), que es la que arregla superman después del terremoto, y había un atasco de impresión. Están construyendo un megapuente para evitar tener que recorrer la presa y está todo patas arriba. Debido a esto no hemos encontrado ningún sitio para ver la presa en sí, pero el puente es tremendo.

En el próximo post la ciudad del pecado. Las vegas.

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Arizona, Durante el viaje, Las Vegas, Nevada, Ruta 66

Día 14. Williams - Sedona - Flagstaff - Williams

Tiago | 24 Julio, 2009

neon_at38892Hoy teníamos planeado otra noche en Williams y aprovechar el día para visitar los alrededores. Hemos vuelto a levantarnos pronto y, poco a poco, nos vamos amoldando más al horario americano. La verdad es que, quieras o no quieras, te tienes que acabar acostumbrando a madrugar y a cenar pronto, ya que la mayoría de los sitios comienzan a poner problemas para cenar a partir de las 9 o 10 de la noche. No deja de resultar un poco raro el que sean las tres de la tarde y no tengas la sensación de mediodía. Para cuando llega esa hora, llevamos tantas cosas pateadas y visitadas que tenemos la sensación de ser última hora de tarde. Si a eso le añadimos que aquí anochece antes, el ritmo hay que cambiarlo por fuerza mayor.

Para ir a Sedona y Flagstaff teníamos que retroceder por la 66 en dirección Chicago. Como Sedona estaba más lejos, hemos decidido ir primero, y lo que más puedo destacar es el entorno en el que se encuentra. Para llegar hasta allí tienes que atravesar un bosque nacional, el Coconino, y se encuentra cerca de un parque estatal conocido como Red Canyon. No confundir con el Red Canyon que estaba a la entrada de Bryce. Se llama igual, pero no son lo mismo. Como decía, el entorno es muy bonito y las pocas millas que nos separaban se hacen muy llevaderas. Sedona en sí nos ha decepcionado un poco, ya que no hemos encontrado nada más que tiendas y, la mayoría de ellas, con aspecto muy prefabricado.

Después de comernos un superperrito hemos llegado hasta Flagstaff. Esto ya sí que es una ciudad de un tamaño considerable y se ve mucha vida por todas partes. Siguiendo las indicaciones del gps (¡qué haríamos sin él!) hemos llegado al centro y en el centro de visitantes nos han recomendado visitar una zona que podríamos denominar “la más antigua” y se trata de un paseo entre tiendas, restaurantes y algún que otro bar. Flagstaff es uno de los puntos importantes de la 66, sin embargo hemos encontrado menos referencias a ella que en otros sitios, aunque probablmente no hayamos tenido suerte encontrando los sitios. Como estamos alojados en Williams, que sí nos parece realmente atractivo, las comparaciones son inevitables, así que hemos vuelto pronto por la tarde para terminar de exprimir el jugo a este pueblo.

Williams tiene también mucho comercio, sin embargo es un sitio con bastante “sabor”. Casi todos los restaurantes tienen algún atractivo, entre los que destacaría dos. El primero es uno llamado algo así como “66 brewery” que tienen una decoración muy rollo 50’s. Si el Route 66 diner de Albuquerque era muy Olivia Newton John (de Grease), este garito sería la versión de Travolta, es decir, un poquito más rockero. Allí nos comimos las mejores costillas de cerdo con salsa barbacoa que he probado en mi vida.

El segundo es el Twister Soda Fountain, un garito también muy ñoño 50 que tiene un precioso cadillac rosa aparcado en la puerta. Allí nos hemos tomado un superbatido, que era lo que le pegaba a ese sitio. Probablemente allá otros interesantes, pero es nuestra recomendación personal. En cuanto a comida también destacaría el recomendado por Fernandoontheroad, el Country Pine, con comida más casera de lo habitual por aquí. Tiene los postres de mayor tamaño que hemos visto en todo el viaje.

Esta es la última noche que pasaremos en la 66. Mañana recorreremos un tramo que tengo especial interés en visitar (Selingman-Kingman), pero ya la noche será en Las Vegas. En esta zona hay bastante tramo de la ruta original así que trataremos de hacerla entera.

Y por último ¡¡tengo que desvelar la gran mentira de los Estados Unidos!! Los cactus grandes con dos brazos doblados que aparecen en todos los dibujos animados no existen¡¡ Todo el mundo vienen con la idea, nosotros los primeros, de hacer una foto con el desierto y un gran cactus en primer plano. Desengáñate, nos los vas a ver¡ Hemos recorrido casi 3.500 millas por un montón de estados, atravesando desiertos y parques nacionales, caminando por rutas a pie y adentrándonos en caminos de cabras. Nada. Sin embargo los verás en todos los folletos, logotipos, matrículas, cuadros, etc. etc. etc., pero en directo no hemos visto ni uno. Sí que hay unos cactus chiquititos que son planos con hojas circulares y algún que otro pinchito y salen en ramilletes. Son bastante fáciles de ver, pero nada de los grandes. Durante el viaje hemos llegado a especular entre nosotros con la posibilidad de que se tratara de una especie extinguida, algo así como los dinosaurios, pero que nos lo han metido tanto en la cabeza que hemos llegado a pensar que era real. Aún nos queda la esperanza del Death Valley.

Nos quedan dos dudas en el aire: ¿dónde están los puticlubs y dónde están los cactus grandes? Quizás están todos juntos.

Hemos jugado por la noche en un bar a un juego que ya habíamos visto en otros bares de moteros y nos ha encantado. Es una especie de mesa muy larga en la que cada jugador tiene que ir deslizando unas fichas de metal intentando dejarlas en unas determinadas secciones que puntuan diferente. No me quiero extender en explicarlo, supongo que quien lo conozca lo habrá entendido. Es algo así como la petanca, pero deslizando fichas en lugar de lanzando bolas. ¿alguien sabe cómo se llama eso?

Pese a que parezca pesimista, el día de hoy ha sido también muy bueno. La mayoría de todas las cosas interesantes que pasan en este viaje son, precisamente, todas las que no estoy contando aquí.

Voy a ir haciendo hueco en la cartera para meter los dólares extras que ganaremos en Nevada.

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Arizona, Durante el viaje, Ruta 66

Día 13. Kanab - Williams

Tiago | 23 Julio, 2009

grancanyonYa teníamos ganas de volver a retomar la 66 en Arizona. Después de una semana de recorrer los parques nacionales, volvemos al mundo más terrenal de los pueblos encantadores, los neones, las tienditas y los bares con encanto.

El camino de Kanab (en Utah) hasta Williams traía consigo la visita al Grand Canyon (Gran Cañón, para los amigos), una de las siete maravillas naturales del mundo. El parque más conocido de Estados Unidos y uno de los más laureados. Pese a todo no tenía especial interés en este parque. Desde el principio se planificó una visita más o menos rápida para asomarnos a los distintos miradores y, una vez fuera, verlo desde donde realmente se puede apreciar el parque: desde el aire.

Hoy teníamos que hacer más millas que en etapas anteriores, pero se siguen haciendo llevaderas. La carretera en general no está resultado nada pesada, pese a que hemos recorrido más carretera de lo planeado. Aquí es tan cómodo conducir que se devoran los kilómetros. La llegada al parque por el lado este ya permite hacer algunas paradas para divisar el cañón. El primero es el Dessert Point, que ya permite hacerse una idea de cómo es el resto del parque. La visita a pie era como me esperaba: el cañón es tan impresionantemente grande que es casi imposible entenderlo como un sólo accidente geográfico. Me intentaré explicar.

El Gran Cañón es, para entendernos, una grieta gigante en la tierra por la que pasa el río Colorado. Si un sencillo humano ve una grieta en la carretera la puede entender. Si esta grieta va creciendo y va un riachuelo por dentro empieza a ser interesante. Según va haciéndose más y más grande el espectáculo es bárbaro. Esto es lo que ocurre con la mayor parte de los cañones que forma el Colorado más al norte. En ese punto, lo que ocurre en Horshoe Bend o en tantos otros puntos, la “grieta” es colosal, pero entendible y por tanto espectacular. Sin embargo, llega un punto que la anchura es tan grande que es muy difícil entenderlo como una abertura en la tierra y se convierte casi en un paisaje. Esto es, desde mi punto de vista, el problema del Gran Cañón. Desde el borde puede impactar, pero no se puede entender. El río colorado se convierte casi en un hilito entre semejante amplitud, así que puede parecer un conjunto más de rocas como se ven en otros puntos.

Pero todo esto tiene una solución: verlo desde el aire. Teníamos muy claro que queríamos sobrevolar el cañón en avioneta y esta iba a ser nuestra forma principal de verlo. Hemos pasado algunas horas dentro del parque, pero había que coger autobús y había tanta masificación de gente que apenas hemos estado en algunos puntos. A la salida del parque, camino de Williams, está un pequeño aeropuerto bastante activo que organiza salidas como la nuestra. Hemos ido ocho en el avión, con un piloto que tenía pinta de estar bastante pirado. La sensación de volar por el cañón es brutal. Aún así, incluso desde el aire es tan grande que parece increíble. Una de las cosas más alucinantes es que los bordes del cañón son una llanura extensa, muy extensa y lisa y, de repente, la tierra se hunde estrepitosamente en imponentes acantilados. Todo esto sólo se puede apreciar a cierta altura, así que mi recomendación personal es que, si sólo tienes dos o tres horas, lo veas en avión. En una hora, más o menos, recibirás el verdadero megaimpacto de esta monumental obra de la naturaleza. En foto es difícil apreciar, pero ésta que acompaña está hecha desde el avión (se ve la ventana). Esas paredes tienen una altura de un kilómetro y pico.

Finalmente hemos llegado a Williams (ya en coche) y en pueblo muy de ruta 66. Es más grande lo que me imaginaba (pensaba que era muy pequeñito), y tiene un par de calles llenas de tiendas y restaurantes. Ya ha vuelto a aparecer algo que echábamos de menos en los últimos días: echar un caña. Mentiría si dijera que en Colorado y Utah no nos hemos tomado ninguna cerveza, pero es difícil encontrar un bar. Sólo un bar. La mayoría son medio restaurantes que no te suelen dejar sólo echar una birra. Yo comprendo que ellos tienen otras costumbres y horarios, pero también hay que entender que yo a las 6 de la tarde quiero una caña, no cenar. En ese sentido han vuelto los bares de moteros oscuros con billares, dianas y placas por todas partes. También vuelve a haber más sitios nocturnos en los que echarte un cubata después de cenar. Por cierto, aquí ya tenemos la hora del Pacífico, 9 horas menos que en España, y se hace de noche prontísimo. A las 7 ya estábamos casi a oscuras. Supongo que según nos vayamos acercando a la costa esto cambiará.

El hotel es encantador. Es una casita con aspecto colonial reconvertida en motel. La distribución de las habitaciones, y todo en general, no es de un motel convencional. Las escaleras enmoquetadas que suben al primer piso tienen osos de peluche en un lado y la decoración de las zonas de paso y las habitaciones es casi como de niños. Es un poco ñoño, la verdad, pero mola bastante. Las paredes tienen flores, hay cortinas de puntilla y está todo bastante mimado. Incluso había un oso de peluche durmiendo en la cama cuando hemos entrado. Es algo así como ir a dormir a casa de la abuela, que es una decoración antigua, que no te gusta, pero está con cierto cariño y resulta acogedora y entrañable. Ha sido uno de los mejores moteles hasta ahora.

Por cierto, las camas son altísimas en todos los moteles. En muchas de ellas no te llegan los pies al suelo si te sientas. Y hay una cosa en común en todos los moteles, sean del precio o del calibre que sean: todas las habitaciones tienen cafetera, microondas y frigorífico. En los poquísimos casos en los que falta alguno de estos elementos, lo tienes en una zona común.

Mañana aún seguiremos por aquí porque queremos recorrer toda esta zona antes de perdernos en la ciudad del vicio. Ha vuelto a ser un gran día. Qué pena que se empiezan a quedar menos…

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Arizona, Durante el viaje, Gran cañon, Parques nacionales, Ruta 66

Día 6. Amarillo - Albuquerque

Tiago | 16 Julio, 2009

¡Espero no tener hoy problemas con el wifi! Otro día más de ruta desde Texas hasta New Mexico atravesando el corazón de la ruta madre. Hoy, además, hemos tenido que ajustarnos al cambio horario del que ya hablamos en su día. Con el cambio de estado tocaba retrasar una hora, así que hoy ha tenido 25 horas para nosotros. Eso sí, no hemos notado el mini “jetlag” de esa horita.

El día ha comenzado visitando el Cadillac Ranch, que está a las afueras de amarillo. También hablamos hace unos cuantos meses de este punto de interés, pero recordaré que son diez cadillacs plantados literalmente en medio de la nada. Tienen todo el morro incrustado en el coche y están ligeramente inclinados. Esta idea se le ocurrió a un millonario excéntrico hace más de treinta años y se ha convertido en un gran reclamo turístico de la 66. El principal interés es que todos los coches están pintados con graffitis por todo el mundo que los visita y el resultado es realmente colorido. En los coches se observan una capa muy gruesa de pintura de las miles y miles de personas que han pintado encima una y otra vez. Nosotros no llevábamos pintura, pero había bastantes botes llenos en el suelo y la gente los iba usando y dejando de nuevo. No sé muy bien quién lleva esos botes, aunque supongo que algunos viajeros como nosotros los usarán y después los dejarán para quien viene detrás de ellos. Por supuesto que hemos dejado nuestra huella (en mi caso morada). Esto, igual que otras muchas cosas, no dejaría de ser una tontería si no fuera porque se ha convertido en un icono importante de la ruta 66 y puedo asegurar que cuando estás entre los coches se respira ese ambiente especial.

No hace falta decir que hemos pasado por innumerables pueblos, gasolineras y demás. Sería imposible hacer un inventario de las cosas que pone la gente en sus establecimientos y sus casas. Un detalle que he podido observar, aunque puede que sólo sea mi percepción, es que el número de banderas americanas ha descendido considerablemente. Desconozco si la exaltación de la bandera corresponde más a un partido político que otro y, por tanto, al cambiar de estado estamos cambiando de “signo”. Quizás simplemente sea una cuestión de tradición. Quizás sólo sea que no nos hemos fijado bien…

Lo que significa la 66 es bastante difícil de explicar. No es un conjunto de atracciones o monumentos, sino que es toda una cultura e historia. En los últimos años la ruta se ha convertido en algo espiritual, el “66 dream” que se ve en muchos carteles, pero al margen de todo eso es como si se hubiera detenido el tiempo en los centenares de lugares por los que antaño discurría la floreciente carretera. Para que se pueda entender intentaré buscar una similitud con Europa o España. Si alguien decidiera hacer una ruta de castillos en España podría ir por diferentes puntos y lo que acabaría descubriendo no es un conjunto de piedras dispuestas de una forma determinada. Estaría observando  la historia de lo que fue esa época. Evidentemente tenemos que salvar las distancias, ya que la basta historia europea es incomparable, pero el concepto es el mismo. Si alguien cree que la 66 es sólo un conjunto de gasolineras y bares de moteros se estará equivocando. O simplemente no le atraerá esto, que todo puede ser, pero probablemente tampoco estaría leyendo este blog ahora mismo.

Ya me he perdido. Uno de los puntos a destacar es el “midpoint” (punto medio) en el que la distancia a Chicago es la misma que a los Ángeles. Hay un pueblito en ese punto, con un encantador bar muy cincuentero con un no menos encantador dueño. Merece la pena parar aunque sólo sea para respirar la alegría que transmite ese hombre. Es verdad que de todo se hace negocio, como no podía ser menos, pero tenemos la permanente sensación de que todo el mundo se alegra de vernos y yo no estoy acostumbrado a esa sensación en el sector servicios. Una de las cosas más difíciles de la ruta es distinguir la paja del trigo, me refiero a distinguir lo auténtico de lo puramente turístico. De lo segundo hay mucho y suele estar entremezclado. Hay que estar al loro.

midpointComo ya comentaba ayer, las cosas han cambiado un poco en la ruta. Si los primeros días era bastante decadente (para mí era especialmente atractivo), luego pasó a ser auténtico pero aún vivo (casi todo abierto), ahora nos vamos encontrando un ambiente más de los 40 o 50, muy en la línea “Grease”.

Podría comentar que por primera vez hemos comido fatal. Ha sido en un restauramente mejicando en Moriarty, que estaba especialmente recomendado en la ruta y, aunque no lo recuerdo exactamente, tenía nombre español. Mejor evitarlo.

Me salto muchas cosas, hasta que hemos llegado finalmente a Albuquerque, donde teníamos motel reservado. La verdad es que no nos ha gustado especialmente. La ciudad, para quien haya jugado, me ha recordado mucho al GTA San Andreas, por el tipo de casa y barrios. Hemos estando en un barrio llamado “Old town” que viene a ser una especie de reconstrucción de lo que pudo ser la ciudad original española. No es histórico, sino una recreación. Bonita, pero de mentira. El pueblito que han montado es bastante majillo, con todas las casitas como de arcilla, y estaba llena de tiendas de latinos que básicamente eran como los “todo a cien” españoles. El ambiente no era especialmente bueno y ha sido imposible encontrar un sitio para tomar una cerveza. En general no lo recomendaría.

Por primera vez hemos tenido una cierta (sólo cierta) sensación de miedo. El ambiente por la calle no tiene nada que ver con el resto de los pueblos y ciudades que hemos visitado. Aquí es todo muy mejicano, hay mucho latino por todas partes y el aire de la ciudad no se parece al resto. No te sientes especialmente cómodo andando por ahí, además no hay iluminación nocturna. Hemos llegado a pensar que se habían fundido las luces de alguna estación eléctrica.

dinnerEso sí, aquí se encuentra el mejor restaurante de todos los Estados Unidos (o casi). Hemos llegado hasta él porque ya lo habíamos descubierto previamente, el Route 66 dinner, del que también hablé hace tiempo. Cumple con todas las expectativas. Es un restaurante de los 50 muy en la línea de donde tomaban los batidos en “Grease” o el “pitch pitt” de “Sensación de vivir”. No recomendaría una larga visita a Albuquerque, pero recomiendo encarecidamente parar a comer o cenar y disfrutar de tan romántico lugar.

Como siempre se me quedan cosas en el tintero. Ah, !!Por primera vez hemos visto montañas¡¡ Hasta ahora el país ha sido increíblemente plano. Otro rato tengo que hablar también de los camiones…

Mañana abandonaremos durante una semanita la 66 para recorrer Colorado y Utah y empezar a disfrutar los primeros parques nacionales. Comenzaremos con el aperitivo de Mesa Verde…

tornadoAh joe, se me olvidaba. !!Hemos visto una especie de mini tornado¡¡¡ Parecía poco potente, pero hemos sentido algún tirón en el coche. El cielo estaba totalmente despejado y ha aparecido de repente un único nubarrón con una especie de embudo que levantaba polvo. Por cierto, si alguien tiene una versión mejor de lo que es esto que lo comente por aquí.

Me gustaría saber algo del grupo que iba detrás de nosotros. ¿Qué tal les irá?

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Albuquerque, Durante el viaje, New Mexico, Ruta 66, Texas

Día 5. Oklahoma City - Amarillo

Tiago | 15 Julio, 2009

Me acabo de sentar (en realidad tumbar) a escribir este post y lo primero que he pensado es en poner “Hi to all”. Desde que comenzó el viaje, cada vez que me dirijo a alguien que no sea mi novia lo hago en inglés, así que ya casi empieza a resultarme raro hablar en cristiano. Antes de hacer un repaso al día de hoy, que por cierto ha sido estupendo, aprovecho para comentar algunas cosas generales con las que me voy quedando. Una de ellas es que la gente, pese a que en general es muy amable y simpática, pasa ocho cuartos de que entiendas el idioma. No creo que el problema sea que no quieran, sino que dan por hecho que estás entendiendo. Después de preguntar veinte veces “excuse me?”, acabas diciendo a todo que sí y se acabó. Hablando de eso, todo el mundo pide disculpas haga lo que haga. Si te lo cruzas en el baño, te dice “excuse me”. Si pasas a menos de medio metro, “excuse me”. Si alguien pasa delante cuando intentas hacer una foto, “excuse me”. Es un pasada lo educada que es la gente.

Siguiendo con las cosas así generales tengo que hablar de las propinas. Después de cuatro días nos hemos acabado enterando de cómo funciona la movida, y lo voy a explicar porque yo no lo tenía claro antes de venir. Todo el mundo escribe por todos los sitios que hay que dejar entre un 10 y 20% de propina, excepto en McDonalds y sitios por el estilo y hasta ahí lo tenemos claro, pero ¿cómo se deja esa propina? Para empezar aquí se paga todo con tarjeta aunque te compres una gominola. Cuando pagas en metálico es bastante lógico, lo dejas encima de la barra en plan español y se acabó, pero ¿qué haces cuando pagas con tarjeta? El tema es que, una vez que pagas, nos daban un ticket que ponía tres líneas del tipo “Total w/ tip”, “tip” y “total”. Habíamos supuesto que había que habérselo dicho antes, ya que ese ticket te lo dan una vez que te devuelven la tarjeta. Pues el funcionamiento es el siguiente (es ilógico para mí): tú das la tarjeta, te cobran la cantidad de la comida y, cuando firmas, tienes que poner la propina que dejas y firmar. Aunque ya no tienen tu tarjeta, por lo visto se han quedado el número de alguna manera y el cobro final lo hacen después de tu firma. En España esto no es así.

Bueno, a lo que vamos. El día de hoy ha sido magnífico. Si ayer tuvimos peor suerte que en Illinois, el tramo Oklahoma-Texas ha sido muy fructífero. La 66 está presente en todos los sitios y hay estupendos pueblos en los que se puede parar. Como decía el primer día, no hace falta una guía, ya que está todo muy bien señalizado. En este tramo la 66 es menos decadente que en etapas anteriores. Eso no es bueno ni malo, sino que es diferente. Si los primeros días estábamos hablando de pueblos fantasmas semiabandonados, en el tramo de hoy nos encontramos con una ruta más “turística”, aunque no es algo negativo. Si te apetece tomarte una cerveza en un bar típico lo puedes hacer, y hay varios museos para deleitarte con cosas de la ruta.

Realmente haría falta mucho espacio para condensar todo lo que se puede ver en un día. Llega un punto del camino en el que ya no tienes más tiempo y tienes que dejar de parar. No se avanza porque cada 5 kms tiene algo que te llama la atención y te apetece ver o fotografiar. Hay muchas cosas para ver y todas son interesantes. De entre todos los sitios que hemos estado (me permitiréis sólo citar algunas cosas del trayecto) la parada obligatoria es Elk City. Si sólo tienes 15 minutos para parar en todo el tramo no lo dudes y hazlo aquí. Además de tener un aire 66’s total, hay un museo gratuito realmente sorprendente. Se trata de una reconstrucción de un pueblo tal y como era hace 200 o 300 años. Puedes andar por el pueblito y te encuentras con barberías, farmacias, oficina de correos, ferreterías, saloon y un largo etcétera. Ha sido una visita realmente encantadora y, repito, es gratuita.

Ya cerca de Amarillo, en Texas, hemos encontrado una antigua oficina de correos reconvertida en tienda y la verdad es que merece la pena su visita. No recuerdo exactamente el nombre, pero cuando vuelva del viaje ya daré la información detallada. Más adelante había una especie de movida religiosa que consiste en una cruz tremenda y unas esculturas de la pasión. Yo no soy religioso, pero bien merece la pena 10 minutos del viaje.

Nos encontrábamos en pleno texas, que por cierto el paisaje ha cambiado bastante a algo bastante más seco, buscando la 66 original que suele discurrir paralela a la autopista. Hemos continuado por ella y hemos acabado metidos en un rancho cuya carretera se convertía en camino, después en caminito y finalmente en nada más que hierba donde hemos visto los primeros cactus. Hemos tenido que dar la vuelta y hemos sido casi embestidos por una vaca del rancho. Cosas que pasan¬°

Finalmente hemos llegado a Amarillo. Estamos alojados en el Big Texan Ranch y puedo decir que es el motel más encantador que he visto en Estados Unidos (de momento). Es hiper tejano, casi en exceso, y tiene un gran restaurante y varios edificios con diferentes cosas. El motel simula una especie de calle del oeste americano con coloritos y con sus balcones de madera. Realmente merece la pena alojarse aquí si tienes pensado hacer noche en Amarillo. La comida, al margen del concurso del solomillón, es magnífica y la decoración en madera y cabezas de ciervos es espectacular. Las fotos de su página web no hacen justicia. Créeme, tienes que parar aquí aunque sólo sea a echar una caña. Otro día hablaré de la comida, pero las raciones yanquis son tremendas. Hemos comido y cenado en Texas y son bárbaras las cantidades. Todos los platos vienen con unos acompañamientos escandalosos. No lo he comentado, pero el pueblo donde hemos comido, Texaco, es típicamente “Cars”, la película. Muy majillo.

No me puedo despedir sin mencionar a la pareja de Texanos que nos nos han dejado pagar ni una ronda de birras en el centro de Amarillo. Hemos estado casi dos horas hablando con ellos de lo humano y lo divino, probando diferentes cervezas de las miles que tenían (por cierto, podías probarlas antes de pedirlas) y pasando un rato super ameno.

Me dejo muchas cosas en el tintero pero… así son las cosas.

Bye bye

p.d: Ayer tuvimos problemas con el wifi y no lo pude colgar, así que hemos parado el coche en un pueblo tejano y nos he puesto junto a un motel. Hay wifi abierto en todos¡

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Amarillo, Durante el viaje, Oklahoma, Ruta 66, Texas

Día 4. St. Louis - Oklahoma city

Tiago | 14 Julio, 2009

¡Dios qué calor hace en Oklahoma! Pero vayamos por partes y comencemos desde el principio. El día ha amanecido a las afuera de St. Louis, Missouri, y ha sido un día largo de bastantes millas. Hay que decir que, aunque estamos haciendo muchos kilómetros (siguiendo lo previsto) no estamos notando ningún cansancio al respecto. Es verdad que la carretera a veces cansa, pero como vas con ilusión a todos los sitios se te hace bastante llevadero.

Hay que reconocer que el tramo de la 66 ha sido menos espectacular que el anterior, pero hay un factor que hay que tener en cuenta en este viaje: la suerte. Puedes llevar muchas guías, mucha planificación y tener todo muy claro, pero existen muchos pequeños factores que pueden hacer que acabes viendo lo correcto o no. Un desvío mal hecho, un problema de tiempo, un atasco, un error del gps… pueden hacer que dejes de ver cosas interesantes. Sin embargo, también puede hacer que por error llegues a sitios que no tenías pensado (como ayer con Chenoa).

Aún así el día ha cundido bastante. Pocos kilómetros después de empezar ha comenzado la lluvia de carteles en la carretera anunciando las cuevas donde se escondía Jesse James (un famoso vaquero. Hace poco Brad Pitt protagonizó una película suya) y es tanta la insistencia que te ves obligado a entrar. Íbamos con reticencias ya que todo parecía demasiado “Disneyworld”. Las cosas con encanto suelen estar menos publicitadas. Aún con todos nos hemos asomado y la entrada a las cuevas era bastante cara (unos 20 dólares), pero sobre todo lo hemos dejado por la falta de tiempo, ya que la visita era una hora y media. Se puede entrar hasta el inicio de la cueva y puedo garantizar que es absolutamente impresionante. La longitud de las cuevas es asombrosa y estoy convencido que, al margen de la explotación turística, esa visita merece la pena.

Hemos continuado entre tiendas, pueblos y demás, destacando una especie de puesto de mulas reconvertido en tienda que tiene gran material de calidad sobre la ruta. Nos hemos agenciado una guía de la 66 en la que indican todas las salidas interesantes. La verdad es que quizás no es necesario, pero hay tramos en los que vamos mal de tiempo y viene muy bien. La mujer además es muy simpática.

Como decía, entre caminos y pueblos de la ruta, gasolineras y curiosidades varias, hemos llegado a Tulsa y hemos estado dando una vuelta. Como no había nadie por el centro nos hemos acercado a una especie de iglesia y, tras ella, había un montón de iglesias de diferentes tipos, desde la cienciología a otros mil nombres que no me acuerdo. Estaban todas juntas y algunas de cierta belleza. Bastante curioso. Hemos tenido problemas (de hecho no lo hemos averiguado) cuál era la católica. En general todo está lleno de iglesias raras, es una pasada, y estás en pueblos diminutos de 4 o 5 casas y han plantado una iglesia presbiteriana, luterana o del tipo que sea. Cualquier rincón de esos evoca escenas de películas de miedo. Estoy encantado con ese tipo de paisajes. Estamos disfrutando mucho más con todas esas cosas que con lo que se supone que es más impresionante.

Quiero comentar que Springfield no merece en absoluto la pena, ni siquiera pasar de largo. Evidemente no está Homer Simpson (hay un montón de Springfields en USA), así que os haréis un favor si adelantáis kms directamente. Siempre se ve algo interesante, una casita o cualquier otro lado, pero tomad nota: En Springfield no se para.

Ya pasando Springfield nos metemos de lleno en Oklahoma y hay algo que cambia. Bajas la ventanilla para echar un cigarro y entra un aire tan sofocante como su hubieramos entrado en una sauna. El paisaje ha cambiado un poquito. Comienza a haber ranchos de vacas, más zonas boscosas y, en general, menos gente. No hay tanto motel y pueblo como en millas anteriores y no se ven tantas casitas dispersas a lo largo del camino. En los tramos anteriores era muy difícil que hubiera un tramo sin el granero, la casita y los dos caballitos. No lo teníamos previsto, pero hemos decidido continuar acertadamente hasta Oklahoma City para quitar algunos kms de la siguiente etapa. No hemos tenido tiempo de ver la ciudad, pero ella tampoco ha querido ser vista. Teníamos intención de cenar en el centro y, aunque había un conjunto bastante majo de edificios (rascacielos, más bien), todo estaba fantasmal. Aquí a partir de las 6 de la tarde no hay ni un alma por la calle. Se empiezan a ver ya bastantes motivos vaqueros, ya que empezamos a entrar en la zona del oeste americano. Ya iremos viendo…

Hemos acabado cenando en un sitio genial. Ahora no tengo tiempo de mirar, pero hay un cuadro realmente famoso de un tipo que pintaba cosas de la cultura americano. En el cuadro aparece una pareja en un bar muy cincuentero y americano y, aunque no ocurre nada extraño, el cuadro da bastante mal rollo. Da la sensación de que algo va a ocurrir. Bueno, pues hemos estado en un garito que, salvando las distancias, transmitía la misma sensación que aquel (espero que sepáis qué cuadro digo).

Mañana más, con destino a Amarillo para comernos el gran Don Solomillón en el Big Texan Ranch.

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Durante el viaje, Missouri, Oklahoma, Oklahoma city, Ruta 66, Tulsa

Día 3: Chicago - St. Louis

Tiago | 13 Julio, 2009

autobusesPrimer día de carretera y toma de contacto con la 66. ¡Es encantador!. Pero vamos por partes…

La salida desde Chicago ha sido perfecta. Era domingo y no había casi tráfico, así que tras un buen desayuno americanohemos emprendido el viaje a St. Louis en Missouri. Teníamos unos cuatrocientos y pico kilómetros, pero como ha sido el comienzo del viaje lo hemos hecho con ganas. Las carreteras son muy buenas, con varios carriles y la conducción es muy cómoda. La velocidad máxima son 65 m/h, que vienen a ser unos 110 km/h y la verdad es que todo el mundo lo respeta. En ese sentido tengo que decir que la impresión que tengo hasta ahora es que aquí se conduce de forma bastante prudente. La gente te deja pasar en los cedas el paso y nunca hay problemas para cambiar de carril.

La 66 ha sido “machacada” por la interestatal 55 y en este último tramo ya la 40, pero existen muchos tramos de la ruta original que discurre paralela a la autopista. No es nada difícil encontrarla y a lo largo de los kilómetros hemos recorrido realmente muchos trozos de la ruta original. De hecho, por cuestión de tiempo hemos decidido no recorrer algunos de ellos, así que nadie se quedará con las ganas ya que hay bastante trozo auténtico.

chenoaEs muy difícil explicar aquí la cantidad de cosas que hemos podido ver en un día de carretera. Cada pueblito es genial y en cada uno de ellos te asomas por un edificio abandonado y encuentras alguna sorpresa agradable. Puede ser un tractor abandonado, unas vías de tren, una tienda de antiguedades, un conjunto de autobuses amarillo del colegio y una lista interminable de cosas. Hemos disfrutado esta jornada de “road trip” como enanos.

El primer contacto real ha sido con el pueblo de “Chenoa” y ha sido casi por casualidad. Íbamos buscando un bar para tomar algo y comprar unas cosas y hemos acabado en una pequeña ciudad que si lo tengo que resumir en una expresión sería “el pueblo del terror”. No había nadie por las calles, absolutamente nadie, y sin embargo todo el pueblo estaba intacto. Lo que sería la calle principal tenía un barbería, una farmacia y tiendas por el estilo, pero la sensación general era fantasmal. Hemos llegado a dudar si realmente era un pueblo habitado o era una especie de escaparate para el turista (aunque no era nada turístico).

Finalmente nos ha asaltado un hombre mayor y nos ha metido a una especie de ayuntamiento diminuto que cumplía otras muchas funciones en tan pequeñito pueblo. La situación era surrealista. Había estado varios días en España cuando estaba en el ejercito. Por cierto, empieza a ser una constante: aquí todo el mundo ha servido alguna vez a la patria, incluso algún motero tipo Hulk Hogan con el que hemos estado hablando. El pueblo era bonito, misterioso, decadente y surrealista. Esta experiencia se ha ido repitiendo en casi todos los sitios donde hemos ido parando.

Con lo poco que hemos visto (en realidad ha sido mucho, pero es poco en comparación con lo que queda) hay ideas que ya se van formando en la mente. En general las casas de la gente son encantadoras, con los típicos jardines delante, pero suelen estar perfecta, bien decoradas y cuidadas. Por esta zona son casi todas de estilo colonial, muy blancas, con listones de madera horizontales y motivos patrióticos por doquier. Nadie que no haya estado aquí se puede imaginar la cantidad de banderas de Estados Unidos que hay por todas partes.

Desde la carretera se ven casas impresionantes. Como hay tanto terreno se podría decir que hay una casa cada kilómetro, y suelen tener varias “casetas”. En ninguna falta el típico granero granate con el tejado blanco. Realmente todo parece una película porque aunque vienes con la idea de que las cosas son así, es que realmente son así. Todo es como te lo imaginas, pero la sensación de estar por aquí es muy buena.

Tengo algunos problemillas para subir las fotos. En cuanto pueda, y si no a la vuelta, colgaré bastantes.

La gente es realmente maja y educada. No parece que eso sea algo que vaya a cambia, aunque ya iremos comentando. En uno de los pueblitos de la 66 había algo que rezaba como “Museo de la 66″ y nos hemos metido literalmente en el salón de la casa de una pareja de ancianos que habían montado un museo de lo que en su momento fue un próspero restaurante, ahora cerrado y en una zona casi abandonada. Era más bien un museo de su vida y no merece la pena su visita, pero la pareja ha sido tan encantadora y se ha alegrado tanto de hablar con nosotros que ha sido un momento muy curioso.

Hemos terminado en St. Louis, una ciudad de la que no esperaba gran cosa y la verdad es que mola bastante. Ha coincido que jugaban un partido de baseball Allstars, que son unos partidos en los que se juntan los mejores de la liga o algo así. Se veía parte del estadio (impresionante, por cierto) y la ciudad estaba invadida de banderines, puestos, camisetas y gente en general. Un Madrid-Barcelona, para que nos entendamos.

Me dejo bastantes cosas de comentar, pero ya toca descansar. Esta vez en un motel de carretera a las afueras de St. Louis. Ha sido una gran etapa. La 66, los paisajes, la gente y la mezcla de autenticidad y decadencia están cumpliendo con creces la idea que traíamos.

Tengo algunos problemillas para subir las fotos, así que ya lo haré a la vuelta. Por cierto, las fotos, ni éstas ni las que veáis por internet, hacen justicia la experiencia que se tiene cuando estás aquí.

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Durante el viaje, Missouri, Ruta 66, St. Louis

¿Qué cantidad hacemos de la 66?

Tiago | 12 Mayo, 2009

ruta66_02_copyLa otra noche hablaba con una amiga sobre el viaje y le explicaba que el leitmotiv del viaje era la ruta 66, pero que la habíamos modificado ampliamente para visitar Colorado, Utah, Nevada y el norte de California en lugar de Los Ángeles. Bromeando me comentó que entonces íbamos a hacer la ruta 56 o algo parecido.

Nuestra ruta se basa en la 66 desde Chicago y la recorremos hasta Albuquerque (New Mexico), momento en el que nos desviamos al norte para hacer una “oreja” de unos cuantos días y retomarla nuevamente en Flagstaff (Arizona). La abandonaremos finalmente  en Kingman para ir a Las Vegas y, a través de árido Death Valley, llegar hasta San Francisco vía Yosemite.

Pero a lo que íbamos. ¿Cuánto de la ruta 66 nos perdemos? Para calcular el porcentaje que vamos a recorrer he tomado el kilometraje de la 40, que viene a ser una autopista que, o va paralela a la antigua carretera o la machaca en algunos tramos. Asumamos el mínimo error de kilometraje.

Según estas premisas, la ruta 66 completa tiene 3.423 km. Aunque nosotros hacemos unos 5.800 kms en total, los tramos de la 66 ascienden a 2.387 kms que viene a ser un 70%. Según este curioso cálculo nosotros haremos la ruta 46.

Eso sí, visitaremos los siete estados por los que pasa la ruta original y otros tres más de regalo.

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Coche, Curiosidades, Ruta 66

Scenic drive

Tiago | 7 Mayo, 2009

scenic drives¿Qué es una Scenic drive? Básicamente, y en pocas palabras, es un tramo de carretera de puta madre. Siendo más políticamente correcto, una scenic drive (también llamadas Scenic byways) es una carretera que, por el motivo que sea, merece la pena ser visitada. Generalmente son carreteras cercanas a parques nacionales con paisajes asombrosos, pero hay otras cualidades las que le otorgan esta categoría. Efectivamente, es una atracción para disfrutar en coche.

Un par de ejemplos de Scenics drives no paisajísticas. El primero buen ejemplo son algunos puntos de la ruta 66. Sin ir más lejos, Lonely planet califica como la 9ª mejor scenic drive de USA al tramo de Chicago a St. Louis, y aquí no premian los paisajes sino la parte “histórica”. Otro ejemplo es la 49 mile Scenic Drive, que ofrece una preciosa ruta por el interior de San Francisco. Es algo así como el caminito que todo turista debería seguir en coche para no perderse lo principal de la ciudad.

Como casi todo en Estados Unidos, estos tramos están publicitados y señalizados y siempre están fuera de la red principal de carreteras. Una highway no puede recibir tal consideración. Es necesario un asfalto más “rústico”.

Para más información, podeis ver un top 10 o una web especificamente dedicada al tema con todas las rutas organizados por estados para no perderse una. 100% recomendable, con muchas indicaciones, fotos, opiniones… También una rápida búsqueda funciona siempre.

  • Web oficial de las Scenic Drives

Nota: El mapa adjunto muestra donde están todas las más importantes (las consideradas Nacionales), pero hay un montón en cada estado.

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