Viaje ruta 66

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Día 14 Page-Williams

Freddd | 29 Julio, 2010

img_4678-1280x768Hoy era el día del Gran cañon, nos quedaba de camino entre Page y Williams y como en el camino no hay nada digno de mención es una buena forma de darle la importancia que merece.

A primera hora hemos vuelto ido a la lavandería porque la otra vez nos lavaron algunas cosas en la casita donde andábamos pero fue poca cosa y ya necesitábamos la visita. En Page hemos visto 2 y estaban una en frente de la otra, por un lado la pija y por otro la que estaba un poco más destartalada, hemos elegido esta segunda que parecía más barata y más autentica. Casi todas las personas que estaban lavando eran indios, como nos resultaba complicado entender el funcionamiento y no había nadie en el mostrador una india nos ha explicado los pasos.

1-Compramos una pastilla de jabón en unas maquinas que hay y la metemos en la parte superior de una de las lavadoras (las hay de todos los tamaños)

2-Elegimos en el cuadro de mando lo de los colores (como en casa) poniendo la opción de colores vivos o variados o algo así para que no nos joda el invento.

3-Metemos las monedas, en nuestro caso 2,25 dolares por la colada. Ojo, dura 35 minutos, hay que hacerlo un día con tiempo.

4-Sacamos la ropa mojada y tenemos que meterla en otras maquinas que son secadoras y que cuestan 25 centavos, hay que darle al menos 2 veces (2 monedas) de 10 minutos cada una.

5-Se saca la ropa, la doblas a tu gusto y te la llevas.

Como podeis ver toda esta parafernalia lleva casi una hora así que es el tiempo que te toca deambular por allí o por los alrededores. Si os sirve de algo este pequeño manual pues perfecto.

Así que después de la colada hemos salido hacia el aeropuerto del gran cañón que esta a algo más de 200 kilómetrosimg_4716-1280x768 de Page, durante el camino se ven muchos puestos de indios a los lados que venden artesanía hecha a mano, los precios son algo más bajos que en el Monument Valley pero van más enfocados a mujeres ya que son todo sortijas, pendientes y cosas así.

Unos 50 kilómetros antes de llegar al aeropuerto está la entrada propia al parque del gran cañón por la que te soplan 25 dolares por coche, si llevas moto, caravana u otra cosa los precios varían. Realmente este precio lo hemos pagado casi obligados porque no hay otra forma de llegar allí pero realmente si vas a hacer el vuelo no es necesario ver el parque, aún así tiene unos cuantos miradores con unas vistas muy bonitas y con mucho “fondo” pero que no dan una idea real del tamaño del cañón así que hemos entrado a los que estaban más a mano.

El aeropuerto es pequeño y en nuestro caso estaba lleno de japoneses, hemos tenido que esperar una hora porque habíamos llegado con bastante tiempo de antelación así que hemos dado un paseo por allí para ver la tienda y firmar en el libro de visitantes, por cierto, viendo un poco las páginas anteriores había bastantes firmas de españoles la mayoría poniendo algo de nuestra reciente victoria en el mundial. OEEEEE¡¡¡¡¡

Justo antes de subir al avión ha estado lloviendo durante un buen rato lo que ha aumentado el acojono que nos producía subir a esos pequeños aviones, supongo que no ha habido apenas incidentes en todos los años que llevan volando pero entre el miedo que me producen los aviones y que estos son bastantes más pequeños… el despegue ha sido el momento de mayor tensión porque el ruido del motor se escucha mucho más fuerte que en un avión convencional y cualquier sonido te da la sensación de que se ha roto algo, hasta que no hemos subido bastante y llevábamos un rato en el cielo no hemos podido descansar y disfrutar de verdad.

img_4755-1280x768De las vistas que se ven poco se puede decir, hay que verlo con tus propios ojos pero son tan espectaculares como se esperan, al llegar los primeros nos han puesto en los 2 asientos de atrás y creo que son los mejores porque no te molesta el ala y se ve todo perfecto desde la ventanilla, además tienes muchísimo espacio para los pies, os lo recomiendo sin duda. El gran cañón es impresionante, algo realmente bestial, pienso que es necesario volar para verlo en condiciones pero posiblemente sea importante volar más alto, casi como en un avión convencional para tener una idea real de la magnitud de la enorme falla, de cualquier forma los minutos del vuelo (unos 40) son algo que no olvidaremos nunca.

Ya en tierra hemos puesto rumbo a Williams, de nuevo a la 66, ya había ganas después de una semana de descanso y lo hemos hecho en este pueblo que es como una síntesis perfecta de toda la ruta, se nota que aquí hay más concepto de markteting que en cualquier otro sitio y que lo han sabido explotar, no es tan autentico como otros pueblos viejos y polvorientos pero sigue teniendo gran sabor americano. El pueblo está realmente estructurado en 2 calles principales que es donde esta todo el lío, sobre todo una de ellas donde están todas las tiendas, restaurantes, moteles y demás, las tiendas son geniales, tienen muchísimas cosas interesantes, es el lugar perfecto para comprar detalles para amigos, son como enormes museos de la ruta con cualquier cosa que podais imaginar, la calle es también así, es como una especie de Disney world de la ruta, ves muchos neones, coches de caballos, vaqueros… y aunque todo tiene parte de decorado no deja de ser bonito y una buena guinda para lo visto hasta ahora de la ruta.

Hoy seguiremos por el pueblo casi todo el día pero primero iremos en busca de los cactus americanos, mañana os comento a que distancia están pero según mis cálculos hay que ir hacia el sur, en dirección Phoenix unos 130 o 140 kilómetros, espero encontrarlos. Nos volvemos a ver en Williams.

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Arizona, Durante el viaje, Parques nacionales

Día 12 Moab-Mexican Hat

Freddd | 27 Julio, 2010

img_4470-1280x768Os escribo desde un tipi indio que es donde nos hemos alojado en Mexican Hat en el motel que lleva el mismo nombre. No había elegido este tipo de habitación pero es la que nos ha tocado, es la única que hay de este tipo, digamos que queda el motel parecido a todos los anteriores por un lado y al otro lado de una explanada estaba este tipi solitario, pues aquí estamos. No se si es por suerte o desgracia pero hace aún más autentica la noche, tenemos que prescindir del baño en la habitación ya que el nuestro esta fuera a unos 10 metros pero a cambio estamos en una tienda de campaña india acondicionada por supuesto, por dentro es como si fuese una cabañita de madera de un tamaño razonable pero con la forma de tipi con una cama, una chimenea, un sofá, aire acondicionado y una mesita con cafetera, despertador y demás, el suelo es como de cemento pero está cubierto de alfombras. Miento si digo que al principio no me ha dado un poco de acojone pero al cabo de un tiempo hemos pensado que era una bonita y diferente forma de dormir aquí. Así que desde el tipi escribo hoy.

img_4420-1280x768

La jornada ha sido tan seca o más que la anterior, hemos despertado temprano en Moab para ver Canyolands que es una pasada, ayer veíamos muy cerca también Arches y el de hoy está en la misma carretera pero un poco másadelante. Tras unos kilómetros de subida empiezas a ver un horizonte muy lejano lleno de cañones y montañas erosionadas al más puro estilo del oeste, es tanto lo que se ve que en una mirada no se puede abarcar, el mirador más alto es espectacular y un buen sitio para sentarse y mirar al infinito durante unos minutos, este punto es el inicio o el fin del mundo, tremendo. Por cierto que a la entrada del parque no había nadie en la entrada y no hemos podido pillar el abono anual y como nos hemos dejado 2 parques creo que ya no lo vamos a coger.

Ya de camino a Mexican Hat a donde teníamos unos 200 kilómetros hemos parado en Hole in the rock (agujero en la roca) que es un punto turístico surgido con la excusa de que allí, dentro de la roca vivió durante muchos años una familia americana, la verdad es que la visita a lo que fue su casa tiene su encanto aunque está todo tan “souvenirizado” que le falta un poco el espíritu original que sin duda tuvo algún día. Aún así se puede parar y por 5 dolares que cuesta la entrada una mujer te explica como surgió la roca y que hacían en las diferentes habitaciones ya que llegaron a tener también un restaurante.

img_4480-1280x768El último trayecto ha sido rápido porque no había mucho que ver en la carretera, hemos llegado a la hora de comer y hemos preferido hacer tiempo en la habitación (tipi) para acercarnos a Monument Valley entre las 5 y las 7 de la tarde. Este punto es impresionante como todos los anteriores y yo diría que además del espectáculo natural que supone hay un factor añadido para todos los fans/freaks del séptimo arte entre los que me encuentro ya que las referencias cinematográficas que tienen estos lugares (tanto el de hoy como el de ayer, arches) son continuas y es imposible no recordar diferentes escenas en cada punto en el que estamos. Hoy por ejemplo estaba la enorme recta donde Forrest Gump deja de correr, es un punto que tiene unas vibraciones especiales, también esta la zona donde se rodó regreso al futuro 3 y por supuesto las mil películas del oeste de John Wayne. Por cierto hay varias referencias a el dentro del parque e incluso se puede ver su punto preferido del parque, donde le gustaba descansar y disfrutar del paisaje durante los rodajes.

Aunque la recta que comentaba es un punto muy interesante del parque la mejor vista sin duda esta dentro de la reserva, tras pagar la entrada a los indios hay un punto explotado turísticamente donde incluso hay un hotel peroimg_4510-1280x768donde han puesto acertadamente un gran mirador desde donde se ven unas geniales vistas de todo el entorno, eso sí, la tienda india aunque tiene cosas muy chulas tiene precios prohibitivos, preparad la cartera si quereis un recuerdo.

Bueno, continúa nuestro viaje, mañana nos toca ver Antelope Canyon así que nos vemos en Page.

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Durante el viaje, Parques nacionales, Utah

Día 11 Ouray-Moab

Freddd | 26 Julio, 2010

img_4298-1280x7682Llegamos al ecuador del viaje con la sensación de llevar meses cruzando los Estados Unidos, no porque se haga largo el viaje sino porque ves tantas cosas y conoces a tanta gente que parece que llevaras aquí media vida.&

Esta mañana nos hemos despertado en Ouray, precioso pueblo  del que ayer ya hablé algunas cosas, nos alojamos en una pequeña casa con tan sólo 2 habitaciones, hemos estado en varias similares a lo largo del viaje y es la mejor forma de mezclarse con el entorno, son bed & breadkfast llevados por la propia familia que vive en la casa, en algunos casos son mansiones históricas y en otros simplemente preciosas casitas ubicadas en un entorno especial. La de hoy se llamaba B&B Morning Soon.

Así que hemos desayunado esta mañana conversando con la gente de la otra habitación y los dueños de la casa que al poco tiempo han comenzado una charla politica representando los 2 partidos y que nos ha resultado bastanteimg_4304-1280x768esclarecedora.

La etapa de hoy era la de los contrastes, hemos dejado un pueblo totalmente verde en mitad de las montañas y en unos 100 kilometros, aún sin salir del estado de Colorado nos encontrabamos en pleno desierto, el oeste americano. Antes de llegar a nuestra primera parada del día hemos sido objeto de la buena acción del día, el momento amable de la jornada ha sido cuando al ir a pagar en unos grandes almacenes nos pregunta la cajera si tenemos la tarjeta de descuentos o no se que (que logicamente no teníamos) y al escucharlo la persona que estaba más atrás esperando ha se ha acercado rapidamente a la cajera para darle su tarjeta de descuento para nosotros ahorrandonos 3 simples dolares pero dando un detalle más de la buena gente que nos estamos encontrando.

La parada del día antes de llegar a Arches era en Grand Junction un pequeño pueblo donde hemos dado una pequeña vuelta por las tiendas del centro para después ir al “Colorado national monument” que es impresionante, lo describía acertadamente uno de los del desayuno de esta mañana diciendo que es como un mini gran cañón. Hay que subir una especie de montaña durante alrededor de media hora y se van viendo desde la altura las enormes formaciones rocosas img_4326-1280x768que dejan en medio enormes acantilados donde no se alcanza a ver el suelo, es totalmente recomendable.

Una vez visto el parque hemos salido hacia Moab pasando ya al estado de Utah donde antes de llegar hemos hecho la parada en el parque nacional Arches. Este sitio es impresionante, nada comparado a otra cosa que se pueda ver en otro lugar del mundo, seguimos con el paisaje desertico pero en esta ocasión es más plano y desde la carretera y los caminos que lo cruzan se ven las enormes montañas de piedra roja con distintas formas debido a la erosión de miles de años. En cuanto se entra al parque vienen a la cabeza mil películas de vaqueros, es imposible pasar por aquí y no pensar en ello porque muchos de los puntos te vienen a la cabeza aunque sería dificil saber en que momento lo hemos visto antes, aunque ha habido un punto que me sonaba tanto que he indagado hasta comprobar que efectivamente ahí se rodó esa escena, la primera escena de Indiana Jones y la última cruzada donde un joven Indy recupera de unas cuevas la cruz de coronado y donde tras salir con ella dice esa frase de “se han perdido todos menos yo” se rodó justo en uno de los lugares más emblemáticos de Arches. Este sitio sirve como símbolo del estado de Utah y es una especie de arco formado también por la roca y que es un punto muy bonito al que se llega a pie a través de un caminito, esta tarde hacía tanto calor que no estabamos para andar mucho así que ese ha sido el único camino de los que hay que hemos hecho aunque hay muchos puntos donde parar y hacer unas buenas fotos como por ejemplo un sitio que se llama no se que avenue y que es como una especie de avenida precisamente con grandes montañas de este tipo a ambos lados, impresionante.

Agotados por el calor hemos llegado a Moab para darnos una buena ducha y recorrer el pueblo pero justo antes de llegar… escuchamos una sireña y miro por el retrovisor encontrándome detrás un enorme coche de policía con laimg_4361-1280x768sirena y las luces puestas, ohhhhhhhh, he parado el coche y bajado la ventanilla y he esperado acojonado la visita del agente, nos ha pedido el carnet (el español) y el pasaporte y tras hacer unas comprobaciones y decirme que no me bajara del vehículo ha comentado que en un stop donde venían coches de frente no he parado, yo era consciente de ese stop pero los coches venían de muy lejos y creo que lo he hecho bien pero no era cuestión de contradecir al policia así que he preferido que viera el arrepentimiento. He de decir que el comentar que eramos españoles ha ayudado porque nos ha dicho algunas palabras en nuestro idioma y ha sido bastante simpático deseeandonos finalmente buen viaje y que condujeramos con prudencia. Era lo único que nos faltaba por ver en este viaje.

El pueblo de Moab es precioso, también rodeado de montañas (como el de ayer) pero completamente secas, mañana sseguiremos en esta linea viendo Canyolands y Monument Valley, nos vemos en Mexican Hat.

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Colorado, Durante el viaje, Parques nacionales, Utah

Día 19. Lone Pine - Yosemite

Tiago | 28 Julio, 2009

Hoy tocaba la visita al último parque nacional y lo íbamos a hacer a lo grande. Yosemite nos estaba esperando. A la salida de Lone Pine ya hemos podido comprobar cómo se las gastan los californianos en la gasolina. El sitio más barato creo recordar que fue Oklahoma a 2.12 el galón y por aquí está a 3.15. Gracias a gasbuddy.com, una página imprescindible para planificar dónde echar gasolina a buen precio, hemos encontrado a 2.80 así que a llenar el depósito para quemar rueda. Hoy ha sido una etapa bastante dura de coche. Luego comentamos.

Después de unas cuantas millas (a estas alturas de viaje 100 millas se pasan volando) hemos decidido desviarnos del Tioga Pass, para ver Bodie. Justos después del desvío está el Mono Lake, que es un lago bastante bonito. Una vez que te acercas huele bastante mal, pero llama la atención que, desde lejos, parece como si hubiera una especie de capa de suciedad o barro encima del agua. Es como si en la costa hubiera una capa de chapapote. Tienes que estar realmente cerca para darte cuenta de lo que realmente es: es una maraña ingente de insectos, una especie de moscas, en tal cantidad que parece un manto opaco. Las gaviotas bajan a comérselas y se va formando un revoloteo que despeja ese trozo del agua y se vuelve de color azul. Muy curioso.

El pueblo de Bodie exige un desvío de una hora y pico con las últimas millas por un camino sin asfaltar, pero realmente merece la pena. Es un antiguo pueblo minero abandonado y se ha reconvertido en parque estatal. La entrada vale 5$ por persona. El pueblo es típicamente del oeste americano, con todas las casas de madera y las tipicas tiendas, establos y cantinas que se podían encontrar ahí. No es una reconstrucción ni una especie de Eurodisney, sino un pueblo real. Algunas casas han sido restauradas, pero la sensación de andar por allí es genial. Sería algo así como el pueblo de Regreso al futuro III o de cualquier película del oeste. No hay Saloon, pero hay algunas tiendas en las que te puedes asomar, algunos bares que desde la ventana se ven cervezas y billares, una iglesia, una tienda de comestibles y hasta la cabaña del enterrador en la que se pueden ver ataúdes de todos los tamaños. En la mayoría no se puede entrar, pero se ve algo desde fuera. Si tienes tiempo es una visita que seguro que te encantará. Originalmente era más grande, cuando la mina de oro funcionaba a pleno rendimiento, pero después del abandono muchas casas desaparecieron.

A la vuelta nos esperaba Yosemite a través de su imponente entrada este, el Tioga Pass, una carretera de bastantes millas que sólo está abierta en los meses de buen clima, ya que la carretera se hace impenetrable en invierno. Casi antes de entrar al parque el paisaje se vuelve precioso. Los picos están nevados incluso ahora mismo a finales de julio y se sube hasta casi la misma altura. Comienzan a aparecer los primeros lagos y riachuelos y las praderas verdes lo llenan todo. Hay muchas millas de carretera hasta lo que realmente es el parque, el llamado Yosemite Valley, pero la carretera es una belleza inigualable. De alguna manera todo te suena conocido, ya que estos parajes han sido fotografiados en miles de ocasiones. Si vas a comprar un marco, probablemente contenga algún rincón de estos paisajes.

Si cada parque podría definirse con un adjetivo, el de Yosemite sería “belleza”. Aquí hay una armonía entre el agua, los bosques y las montañas que no te lo puedes creer. Hay que advertir que la carretera es muy exigente y no se puede contar el tiempo como lo has podido hacer el resto del viaje. Aquí se va muy despacio ya que podríamos decir que recorres 100 millas en un puerto de montaña.

Una de las cosas que más nos han gustado del parque ha sido Mariposa Grove, que en un bosque de sequoyas de hasta 3000 años de edad. Hay varias decenas de ellos de una gran altura, pero la anchura sobrepasa los límites de lo que esperas de un árbol. Cada una de las raíces multiplica varias veces la anchura de una persona. Algunos de los árboles están talados y puestos en horizontal, de cuando esta zona se explotaba por industrias madereras. Si verlos de pie impresiona, tenerlos tumbados en el suelo te permite entender mejor la envergadura de estos monstruos. Probablemente haya árboles más grandes, pero desde luego son los más grandes que yo había visto jamás.

El alojamiento dentro del parque es el más modesto que hemos tenido, que no el más barato. Es una especie de hilera de tiendas de campaña desperdigadas en medio del bosque. Estoy escribiendo esto junto a mi tienda debajo de un montón de árboles en un tupido bosque muy similar al hogar de los Ewoks de Star Wars. También recuerda a Viernes 13. Puede que nunca hayas estado aquí, pero cuando te viene a la cabeza una imagen de campamento americano seguro que estás pensando en el entorno que tengo a mi alrededor. La cabaña es muy austera, pero es tan especial y distinto que estamos muy contentos con habernos alojado aquí. La temperatura es ideal y no corre un pelo de aire. Desde que hemos llegado a esta zona hay carteles de osos por todas partes e incluso nos han hecho firmar un papel en el que asegurábamos, bajo pena de multa, que no había dejado comida en el coche que pudiera atraerlos. Junto al alojamiento hay una especie de cajón de metal que se supone que es antiosos para evitar que lo puedan abrir. Ya nos han advertido que suelen estar por aquí cerca. Lamentablamente no hemos visto ningún oso, pero un par de mapaches se han paseado por las mesas donde estábamos cenando en busca de comida. Por cierto, en ningún parque se puede alimentar a los animales. Cosa razonable por otra parte.

No vamos a poder hacer ninguna ruta muy larga por el parque, sólo paseos cortos, pero nos damos por satisfechos con la maravilla que hay aquí. Nos despedimos con pena de los grandes parques nacionales estadounidenses, pero como decía al comenzar esta etapa, lo hacemos a lo grande. Sólo Yosemite podía poner el broche de oro a semejante espectáculo de la naturaleza que ha pasado ante nuestros ojos durante estas tres semanas.

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California, Durante el viaje, Parques nacionales, Yosemite

Día 18. Las Vegas - Death Valley - Lone Pine

Tiago | 27 Julio, 2009

img_3607-badwaterLa salida de las Vegas con dirección norte hacia San Francisco, vía Yosemite, nos deparaba una grata sorpresa: el impenetrable Death Valley. Desde el principio quise optar por la opción norte en lugar de la opción sur, que habría supuesto Los Ángeles y subir por la costa. Creo que no me he equivocado.

Pese a tener que atravesar todo el desierto del Death Valley, no teníamos una etapa especialmente dura. Mucha gente va directamente hasta Yosemite, y nosotros hemos decididos hacer una escala en Lone Pine, un pequeño pueblo a unas cuantas millas del parque. El Death Valley (Valle de la Muerte) es impresionante.

Hay mucha gente que no hablaba bien de este parque. Que si era feo, todo igual o simplemente no tenía interés. A mí desde el principio me atrajo la idea de atravesarlo y ha sido una des mejores experiencias del viaje. La dureza del paisaje y de las condiciones climatológicas no tiene rival.

Desde la salida de Las Vegas el terreno se convierte en árido y agreste y cuesta encontrar una razón para los cactus hayan decidido instalarse por allí. Conforme te vas adentrando el paisaje, pese a ser siempre desértico, va cambiando de formas y colores. La temperatura comienza a subir grados hasta alcanzar cotas alarmantes.

La primera visita que hemos hecho es un punto cuyo nombre no recuerdo ahora mismo (Drew point, quizás) y desde allí se divisa el Badwater desde las alturas. Pese a tener que recorrer 30 millas de ida y vuelta merece la pena totalmente esta visita. Más adelante, adentrándote otras tantas millas en una carretera secundaria, visitas a pie lo que antes habías visto desde lo alto. El Badwater es una impresionante explanada blanca formada por sal y es el punto más profundo de todos los Estados Unidos. 85 metros bajo el nivel del mar. Por primera vez hemos sentido el calor aplastante en nuestros cuerpos, y eso que todavía le quedarían muchos grados por subir a lo largo del día. El desierto de sal es una imagen tan rara que parece casi que estés en las playas del caribe. Hay unos pequeños charcos de agua ácida y salinizada y la vida en esta tierra es absolutamente inexistente.

De vuelta del Badwater se pasa por una carretera de sentido único llamada Artist Drive, cuyo nombre se lo debe a que las montañas tienen diferentes colores. Hacia el final de la carretera el paisaje se vuelve definitivamente de otro planeta. Parece como si estás en marte o cualquier otro lugar desconocido. El cielo azul es lo único que te devuelve a la realidad. Estoy seguro de que al anochecer o al amanecer la sensación extraplanetaria es total.

Una vez que alcanzamos el punto medio del parque también hemos alcanzado el record de temperatura. 121ºF que corresponden a 49º centígrados¡¡ Una salvajada. Prometo que la sensación de abrir las ventanillas es inigualable. Es un calor que te envuelve y dificulta la respiración, pero no puedes evitar salir del coche para sentir una de las temperaturas más extremas que puede registrar cualquier punto del planeta. Cuando nos encontrábamos en la cúspide del calor hemos llegado a las dunas. Es lo más parecido a un desierto convencional, con arena blanca y algunos matorrales desperdigados. La salida del coche, de apenas 10 minutos, sirve para comprender que estas temperaturas no las has vivido antes. La arena quemaba los pies y es incómodo caminar de cara al viento porque escuecen los ojos. Cuando vas en el coche no puedes mantener la mano fuera de la ventanilla durante más de 30 segundos o empiezas a sentir síntomas de quemaduras. Es infernal, pero la experiencia es tan gratificante que no puedo hacer si no recomendar encarecidamente a todo el mundo que se adentre en el Death Valley.

Hacia el final del parque hay que subir un puerto y el coche ha comenzado a tener serias dificultades. El aire acondicionado a tope más los casi 50 grados del exterior y la subida de 20 millas ponen a prueba al mejor sistema de refrigeración. Hemos pasado un rato de preocupación, pero finalmente hemos terminado las subidas y todo ha vuelto a la normalidad. Nuevamente cambia el paisaje hacia la negrura de las tierras volcánicas. Todos los tipos de rocas negras y grises se agolpan formando montañas. Es curioso que, al no haber viento ni lluvia, las piedras permanecen como si una máquina las hubiera echado allí. No hay casi erosión, ni existe una capa de arena encima que las suavice. No es fácil encontrar montañas de piedras en otros lugares.

Y después de todo hemos llegado a Lone Pine, un pueblo arropado al oeste por la cordillera de Sierra Nevada. Al término del Death Valley, con 45 grados, se podían divisar los altos picos montañosos con nieve en la cumbre. Un desierto extremo y, a muy pocas millas, el hielo de las montañas. ¿Quién da más?

El valle de la Muerte tiene exactamente el nombre que debería tener. Estoy realmente contento de haber optado por atravesarlo.

Mañana vendrán las verdes praderas de Yosemite, pero eso ya contará en otra película.

p.d.: Esta foto no es nuestra, pero todavía no he tenido tiempo de sacarlas. Ya vendrán todas juntas a la vuelta…

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Día 13. Kanab - Williams

Tiago | 23 Julio, 2009

grancanyonYa teníamos ganas de volver a retomar la 66 en Arizona. Después de una semana de recorrer los parques nacionales, volvemos al mundo más terrenal de los pueblos encantadores, los neones, las tienditas y los bares con encanto.

El camino de Kanab (en Utah) hasta Williams traía consigo la visita al Grand Canyon (Gran Cañón, para los amigos), una de las siete maravillas naturales del mundo. El parque más conocido de Estados Unidos y uno de los más laureados. Pese a todo no tenía especial interés en este parque. Desde el principio se planificó una visita más o menos rápida para asomarnos a los distintos miradores y, una vez fuera, verlo desde donde realmente se puede apreciar el parque: desde el aire.

Hoy teníamos que hacer más millas que en etapas anteriores, pero se siguen haciendo llevaderas. La carretera en general no está resultado nada pesada, pese a que hemos recorrido más carretera de lo planeado. Aquí es tan cómodo conducir que se devoran los kilómetros. La llegada al parque por el lado este ya permite hacer algunas paradas para divisar el cañón. El primero es el Dessert Point, que ya permite hacerse una idea de cómo es el resto del parque. La visita a pie era como me esperaba: el cañón es tan impresionantemente grande que es casi imposible entenderlo como un sólo accidente geográfico. Me intentaré explicar.

El Gran Cañón es, para entendernos, una grieta gigante en la tierra por la que pasa el río Colorado. Si un sencillo humano ve una grieta en la carretera la puede entender. Si esta grieta va creciendo y va un riachuelo por dentro empieza a ser interesante. Según va haciéndose más y más grande el espectáculo es bárbaro. Esto es lo que ocurre con la mayor parte de los cañones que forma el Colorado más al norte. En ese punto, lo que ocurre en Horshoe Bend o en tantos otros puntos, la “grieta” es colosal, pero entendible y por tanto espectacular. Sin embargo, llega un punto que la anchura es tan grande que es muy difícil entenderlo como una abertura en la tierra y se convierte casi en un paisaje. Esto es, desde mi punto de vista, el problema del Gran Cañón. Desde el borde puede impactar, pero no se puede entender. El río colorado se convierte casi en un hilito entre semejante amplitud, así que puede parecer un conjunto más de rocas como se ven en otros puntos.

Pero todo esto tiene una solución: verlo desde el aire. Teníamos muy claro que queríamos sobrevolar el cañón en avioneta y esta iba a ser nuestra forma principal de verlo. Hemos pasado algunas horas dentro del parque, pero había que coger autobús y había tanta masificación de gente que apenas hemos estado en algunos puntos. A la salida del parque, camino de Williams, está un pequeño aeropuerto bastante activo que organiza salidas como la nuestra. Hemos ido ocho en el avión, con un piloto que tenía pinta de estar bastante pirado. La sensación de volar por el cañón es brutal. Aún así, incluso desde el aire es tan grande que parece increíble. Una de las cosas más alucinantes es que los bordes del cañón son una llanura extensa, muy extensa y lisa y, de repente, la tierra se hunde estrepitosamente en imponentes acantilados. Todo esto sólo se puede apreciar a cierta altura, así que mi recomendación personal es que, si sólo tienes dos o tres horas, lo veas en avión. En una hora, más o menos, recibirás el verdadero megaimpacto de esta monumental obra de la naturaleza. En foto es difícil apreciar, pero ésta que acompaña está hecha desde el avión (se ve la ventana). Esas paredes tienen una altura de un kilómetro y pico.

Finalmente hemos llegado a Williams (ya en coche) y en pueblo muy de ruta 66. Es más grande lo que me imaginaba (pensaba que era muy pequeñito), y tiene un par de calles llenas de tiendas y restaurantes. Ya ha vuelto a aparecer algo que echábamos de menos en los últimos días: echar un caña. Mentiría si dijera que en Colorado y Utah no nos hemos tomado ninguna cerveza, pero es difícil encontrar un bar. Sólo un bar. La mayoría son medio restaurantes que no te suelen dejar sólo echar una birra. Yo comprendo que ellos tienen otras costumbres y horarios, pero también hay que entender que yo a las 6 de la tarde quiero una caña, no cenar. En ese sentido han vuelto los bares de moteros oscuros con billares, dianas y placas por todas partes. También vuelve a haber más sitios nocturnos en los que echarte un cubata después de cenar. Por cierto, aquí ya tenemos la hora del Pacífico, 9 horas menos que en España, y se hace de noche prontísimo. A las 7 ya estábamos casi a oscuras. Supongo que según nos vayamos acercando a la costa esto cambiará.

El hotel es encantador. Es una casita con aspecto colonial reconvertida en motel. La distribución de las habitaciones, y todo en general, no es de un motel convencional. Las escaleras enmoquetadas que suben al primer piso tienen osos de peluche en un lado y la decoración de las zonas de paso y las habitaciones es casi como de niños. Es un poco ñoño, la verdad, pero mola bastante. Las paredes tienen flores, hay cortinas de puntilla y está todo bastante mimado. Incluso había un oso de peluche durmiendo en la cama cuando hemos entrado. Es algo así como ir a dormir a casa de la abuela, que es una decoración antigua, que no te gusta, pero está con cierto cariño y resulta acogedora y entrañable. Ha sido uno de los mejores moteles hasta ahora.

Por cierto, las camas son altísimas en todos los moteles. En muchas de ellas no te llegan los pies al suelo si te sientas. Y hay una cosa en común en todos los moteles, sean del precio o del calibre que sean: todas las habitaciones tienen cafetera, microondas y frigorífico. En los poquísimos casos en los que falta alguno de estos elementos, lo tienes en una zona común.

Mañana aún seguiremos por aquí porque queremos recorrer toda esta zona antes de perdernos en la ciudad del vicio. Ha vuelto a ser un gran día. Qué pena que se empiezan a quedar menos…

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Día 12. Bryce Canyon - Kanab

Tiago | 22 Julio, 2009

Hoy, pasado el ecuador del viaje, teníamos una etapa de pocas millas. Hemos salido de Bryce Canyon con destino a Kanab, usando la mayor parte del día en la visita a Zion. Éste es uno de los parques nacionales menos conocidos y suele obviarse en la mayoría de los viajes de la costa oeste. Probablemente una de las razones es que no es como los demás en algunos aspectos. Comencemos la película…

Hoy ha empezado el tiempo como acabó ayer, con frío y bastante nublado. No ha llegado a llover de forma constante, pero no ha salido el sol en todo el día. Si bien ayer esto fue un problema, en Zion ha sido algo de agradecer, ya que es el parque más exigente de todos los que hemos estado. No hacía calor (tampoco frío) y hemos podido disfrutar de algunas caminatas sin grandes esfuerzos. Zion no es un parque convencional por varias razones. Para empezar no se puede visitar en coche. Hay un punto a partir del cual tienes que coger el autobús que te va dejando en los principales puntos del parque. En otros parques estas paradas solían suponer asomarte a un mirador o atravesar un pequeño camino hasta divisar lo importante. En Zion las paradas son los puntos de inicio de largos senderos en los que te puedes pasar el día completo. Podríamos decir que es un parque nacional para montañeros, no para turistas convencionales.

La entrada al parque y todas las millas previas son una auténtica maravilla. La entrada a Bryce nos gustó, pero el entorno de Zion es, probablemente, la mejor de todas las “entradas”. Como suele ser habitual la casetita de entrada al parque está a bastantes millas del centro de visitas y donde realmente comienza el lío. Durante este trayecto se cruza un tunel bastante largo y que da algunos problemas de tráfico, pero unas ventanas se abren intermitentemente para avistar la montaña que estás cruzando. El último tramo es una carretera serpenteante entre rocas. Veníamos comentando que el paraje parece muy antiguo y parece el entorno ideal para que aparezcan unos cuantos dinosaurios vagando por ahí.

Ya advertía antes que el parque se vertebra en rutas a pie. Pese a que la carretera por la que pasa el autobús es bastante chula, sólo se puede disfrutar de este parque si estás dispuesto a invertir unas cuantas horas caminando. Nosotros, que no somos especialmente montañeros, hemos escogido hacer un par de rutas más o menos sencillas. Una ha sido la ruta “Emerald”, que termina en unas piscinas naturales con cascaditas en las rocas y otra ha sido el principio de los “Narrows”. Esta última es la más exigente del parque y puede requerir patear durante todo el día. La mayor parte del camino se hace a través de un riachuelo y necesita de calzado y equipación especial. Lamentablemente nosotros no lo llevábamos y nos hemos tenido que conformar con llegar hasta el punto en el que no quedan otros huevos que mojarte. Aún así el camino ha sido muy agradable y ya comenzaban a perfilarse lo que después serían los verdaderos “Narrows”, en los que las montañas casi se rozan creando pasadizos con paredes verticales de vértigo. Como recompensa a nuestra parada forzosa, hemos sido acompañados durante todo el camino por ardillas. No he tenido nunca demasiado contacto con estos animales, pero no me imaginaba que se pudieran acercar tanto a la gente. Estoy seguro de que si hubieramos querido meter una en la mochila, cosa que no nos habría importado, ésta no habría puesto ningún problema. Otra ruta recomendable es “Angel’s landing”, también muy exigente, pero bordearás los cañones por tramos tan extrechos que han tenido que colocar una cadena para evitar que la gente se caiga al vacío.

Zion es una especie de oasis en el círculo del Grand Canyon. Todos los parques de Utah, Arizona y Colorado son magníficos, pero en todos hay una constante: son paisajes desérticos o semidesérticos. Zion, en cambio, tiene múltiples riachuelos y zonas verdes, siendo su visita una experiencia bastante diferente. La única advertencia es que si quieres venir aquí, algo totalmente recomendable, estés dispuesto a darte una pequeña paliza para exprimir todo el jugo que hay aquí.

La tarde-noche la hemos pasado en Kanab, Utah, ya de camino al próximo destino: el Grand Canyon. Es un pueblo con bastante poca vida, pero es acogedor. Hemos entrado en una tienda con Levi’s 501 a 30$, así que hemos hecho lo propio, calzarnos uno. Por primera vez hemos tenido que comprar tabaco en USA. En el aeropuerto en Madrid cogimos tabaco porque, si vuelas al extranjero, te puedes ahorrar el IVA. Ya se nos había terminado así que tocaba averiguar precios. En los próximos días iremos tomando más referencias, pero hemos comprado Marlboro a 5$ y otro, de cuyo nombre no puedo acordarme, a 4.30$. El tabaco está caro, pero había imaginado que iba a ser superior. Al cambio no hay gran diferencia.

Aprovecho que tengo sitio para comentar un par de cosas que me llevan rondando por la mente desde que comenzó el viaje. La primera es que en Estados Unidos los coches no tienen claxon. Eso es al menos la conclusión que saco, porque en 3000 millas de carretera sólo hemos oido una vez el claxon en Chicago. La educación de los americanos se traslada a todos los niveles de la vida y la carretera no iba a ser menos. Además, esto se ha puesto a prueba en varias ocasiones. Sin ir más lejos, a la salida de Zion había un atasco importante sin razón aparente, y un carril avanzaba y otro no. Todos sabemos lo que habría ocurrido en España si se produjera esta circunstancia. Desde luego nuestro coche sí tiene pito, pero sólo lo hemos escuchado cuando le damos al mando para cerrarlo. Puede ser una gilipollez, y quizás todos los coches lo tengan, pero nosotros es la primera vez que vemos que un coche emita un pitido para localizarlo (por ejemplo en un parking). Este es el único uso que tiene el claxon por estos lares (muy útil por cierto).

La otra cosa que quería comentar es que para hacer este viaje hay que saber inglés. Puede que en otro tipo de viaje puedas ir señalando el menú con el dedo para que sirvan lo que sea, pero en una aventura de estas características tienes que hablar con mucha gente, preguntar un montón de cosas, enterarte de cómo funciona cada motel cada día, comer y cenar por ahí, etc, etc. Si no tienes ni idea de inglés será mejor que cojas un viaje organizado. Los americanos son gente encantadora, pero no parece que sean excesivamente pedagogos cuando no les entiendes.

Por último, antes de dejarlo hay que hacer una advertencia final: si eres muy tiquismiquis con el orden tendrás problemas¡ Nuestro coche se ha convertido en una especie de trastero en el que puedes encontrar de todo. Tenemos muestras de arena de todos los parques nacionales, además de maletas, comidas, folletos que se multiplican por las noches, ropa y miles de gadgets y aparatitos de todo tipo. Si alguien se asoma puede pensar que somos una especie de taxi de esos frikis que tienen un museo dentro de él.

Eso sí, mola un montón. Y mañana a recorrer el gran cañón para retomar de nuevo la 66, que ya tenemos ganas de civilización.

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Coche, Durante el viaje, Parques nacionales, Utah

Día 11. Page - Bryce Canyon

Tiago | 21 Julio, 2009

Después del éxtasis del Antelope Canyon tocaba ir a Bryce Canyon, unas 150 millas al norte. Este desvío al norte estaba exclusivamente planeado para ver este parque, ya que mañana tenemos que deshacer lo hecho para ver Zion y volver de nuevo al sur.

De camino a Bryce el tiempo se ha complicado mucho, con un cielo muy oscuro y lluvia. El camino hasta allí es muy bonito, ya que atraviesas varios bosques y se combinan terrenos desérticos (los tonos rojizos ya vistos en etapas anteriores) con verdes praderas y bosques. En cuanto a carretera ha sido una de las etapas más bonitas.

Para acceder a Bryce Canyon tienes que atravesar el Dixie National Forrest y el alucinante Red Canyon. Como su nombre indica la roca es completamente roja. Si en Arches o Monument Valley hablábamos de tonos rojizos, aquí ya vemos el color con una gran intensidad. Además se pasa a través de un par de arcos tallados en la roca que bien merecen alguna fotografía. Según vamos avanzando hacia el interior del parque se va haciendo más intensa la mezcla de suelo rojo con árboles verdes. Esta combinación para casi irreal, ya que ese terreno no parece que debiera tener vida.

Antes de entrar al parque hemos tenido una anécdota curiosa. Teníamos reservada la habitación en un motel normal y corriente (Bryce Canyon Lodge) y al llegar nos han dicho que fuéramos a un hotel nuevo que habían abierto. Por lo visto lo están promocionando, así que están desviando gente de uno a otro para que se empiece a conocer y se hable de él. Es un Best Western y realmente el cambio ha sido espectacular. Tiene un vestíbulo de madera muy alto muy en la línea de los típicos de estaciones de esquí. Todos los detalles son de un nivel superior, incluyendo el spa, las camas, el tamaño de la habitación, etc, etc. No podíamos estar más contentos.

Una vez que entrábamos a Bryce reconoceré que era el parque que menos me apetecía de todos. Pese a que en general todo el mundo, especialmente los americanos, hablan muy bien de él, no era un destino inicialmente atractivo. Esto tiene una ventaja y es que no tienes demasiadas espectativas que cubrir.

La verdad que me ha encantado. Ha sido una de las sorpresas del viaje ya que no lo esperaba. Así como otros parques están bien fotografiados, no hay en internet ninguna foto que haga justicia a este parque. Es muy difícil de fotografiar, es bastante poco agradecido. La parte principal es el anfiteatro, que es un gran cañón lleno de esculturas verticales elevandose hacia el cielo. Hay varios puntos desde el que ver esta parte y puedo decir que es espectacular. El tiempo no nos ha acompañado ya que hemos pasado frío. Hacía mucho viento, el cielo estaba nublado y las temperaturas eran muy bajas en comparación con lo que hemos estado sufriendo hasta ahora, pero aún así ha merecido la pena la visita a este singular escenario.

Como ha empezado a llover por la tarde de nuevo, sólo hemos podido ver la mitad del parque, siendo en su mayoría estructuras similares. Es curioso que la visita al parque se hace a través de un profundo bosque (Dixie) y sólo ves terreno desértico cuando paras en los puntos habilitados y desaparece el bosque para mostrar el cañón desnudo. En este parque es tan chula la carretera como las vistas. En la parte central del parque había habido un incendio recientemente, tan reciente que todavía salía humo y había brasas en algunos árboles. Se han quemado un montón de árboles y la imagen gris humeante y sin vida es bastante deprimente.

Teníamos intención de haer una ruta en quad, pero como el tiempo ha estado tan malo nos hemos tomado el resto de la tarde “libre”. Nos hemos acercado a tomar una cerveza a un pueblo cercano llamado Tropic y hemos encontrado una de esas mil cosas que hacen de este viaje interesante (y que la mayoría de ellas no nombro aquí). Cuando salíamos de una tiendas hemos visto una especie de mercadillo de cosas usadas o desfasadas que va dejando la gente y se venden tirados de precio. No había nadie atendiéndolo y había carteles que decían algo así como “Coge lo que sea y ve a pagarlo a tal sitio o a tal otro”. No nos hemos podido resistir a la tentación de picotear alguna cosa friki, como los vasitos de chupito más horteras que he visto en mi vida. Tienen una figura dentro de ellos (un oso y un águila) y costaban medio dólar. También han caido un par de huevos de gallina que tienen una semilla dentro y cuando lo abres un poquito crece una planta dentro. Vaya, que hemos ido pillando las mayores frikadas que íbamos encontrando. Creo que en total han sido 4 dólares.

Hay muchas cosas que no escribo aquí y me voy apuntando en un block de notas para no olvidarnos las cosas (quien dice block de notas dice iPhone), así que espero ir hablando de muchas de ellas en semanas venideros.  Una de esas cosas es la comida, pero creo que merecerá un post sólo para eso. Hay algo con los restaurantes que no deja de sorprenderme y es que tú realmente no pagas la bebida, sino que pagas un vaso, y se puede ir rellenando todo lo que quieras. Si es un sitio en el que te sirven, no paran de echarte una y otra vez, y si es autoservicio, puedes ir todas las veces que quieras y cambiar de bebida, café, o lo que te apetezca. Sobre la comida se podría escribir mucho.

Ha sido una pena el tiempo y no hemos podido hacer algunas rutas a pie que queríamos, pero aún así Bryce merece la pena.

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Durante el viaje, Parques nacionales, Utah

Día 10. Mexican Hat - Page

Tiago | 20 Julio, 2009

antelope¡Ya nos podemos morir! La visita al Antelope Canyon era, de todo el viaje, lo más esperado por mí y ahora tengo la sensación de que ya hemos alcanzado el clímax. Todo el viaje podía haber sido desastroso, aunque evidentemente no es así, y sólo con la visita a esta cueva habría merecido la pena. Comencemos…

Para empezar tengo que decir que ¡¡hoy es mi cumpleaños!! Estreno la treintena de la mejor forma que se podría hacer: en el entorno del Grand Canyon. Estoy escribiendo esto por la noche y, aunque mi cumpleaños es el día 20, para cuando alguien lea esto ya será mi cumple. Antes de nada me doy por felicitado por todo el mundo, ya que nadie me podrá llamar. Técnicamente ya hace exactamente  treinta años desde que naci, porque creo que fue a las cuatro de la madrugada y aquí ahora llevamos nueve horas de adelanto, así que ha sido en torno a las siete de la tarde (hora de Arizona). Es un poco extraño celebrar aquí algo, ya que no hay nada más especial que se pueda hacer. Estamos todos los días comiendo y cenando por ahí y viendo cosas increíbles, así que ya no puedo pedir más.

El día ha comenzado en Mexican Hat, Utah, y queríamos llegar muy pronto a Page, Arizona, para reservar la hora punta en el Antelope Canyon. Aunque siempre es bonito, hay media hora del día en la que los rayos entran de forma vertical por las estrechas rendijas de luz que se forman en el techo de la cueva. En esa hora mágica no sólo tenemos las sinuosas formas multicolores de las paredes, sino que aparecen pequeños rayos que los acompañantes rocían con la arena para fotografiarlo mejor. Así que ahí estábamos nosotros a las 10 de la mañana reservando para las 12 p.m. cuando la nativa que vendía las entradas nos ha dicho que eran las 9 p.m. La verdad es que aún sigo perplejo, pues habría jurado que el próximo cambio horario se iba a producir en Nevada y no en Arizona. Genial, ¡una hora más!.

Hemos aprovechado para visitar el Horshoe Blend, que es una espectacular formación que hace el Colorado antes de llegar al Glenn Canyon. Ahí el río forma una especie de herradura de color turquesa que contrasta con los tonos rojizos de la tierra. Una vez que dejas el coche hay que subir y bajar durante un cuarto de hora por terreno pedregoso. Llegas (yo al menos, fumador) exhausto, pero el acantilado que se abre ante tus pies hace que se te olvide cualquier preocupación terrenal. Las dimensiones son tan grandes que cuesta hacerse una idea de la altura, así que unos pequeños barquitos que pasaban por abajo ayudan a entender lo que tienes por delante. La visita es bastante rápida. No se puede pedir más por menos.

Y llegaba el plato fuerte. A las doce de la mañana estábamos esperando a que nos montáran en los jeeps. Afortunadamente había salido el sol de nuevo, después de unas cuantas horas nubladas. El cañón iba a ser bueno igualmente, pero habíamos previsto todo para tener esos rayos de luz de los que hablaba antes. Una vez montados el camino es divertido, ya que vas pasando por un terreno cada vez más arenoso y el 4×4 no para de saltar. Todo el terreno por allí es muy Indiana Jones, así que es bastante agradable. íbamos en jeeps de 10 personas y se notaban los nervios en el ambiente. Casi parecía que nos iban a soltar con un rifle en la mano y empezar a disparar al bajar del coche. Al final lo ves. Es sólo una grieta en la roca que no permite adivinar la joya que esconde.

Y ahí estaba. Doce meses esperando para encontrarnos en, sin lugar a dudas, uno de los lugares más perfectos del planeta. Es verdad que en todo el mundo hay cosas fascinantes, pero el Antelope Canyon puede competir sin despeinarse con cualquier paisaje que se le ponga por delante. No hay tiempo para fotografiar todo lo que quieres, y hasta la peor cámara del mundo con el usuario más inexperto, obtendrá imágenes soberbias.

Le reconozco, hemos salido emocionados de allí. Como ha ocurrido con otras etapas anteriores, hace falta algo de tiempo para digerir lo que aquí metido en la cueva. La única pega que le podemos poner es que hay bastante gente visitándola a la vez, aunque en el camino de vuelta hemos estado casi solos en muchos tramos. La entrada más el viaje (obligatorio) cuesta 31 $, pero no puede haber nadie tan insensible como para decir que no ha exprimido cada dólar que ha invertido en esta visita.

A la salida ha ocurrido una de las cosas más sorprendente del viaje. ¡Íbamos en el jeep con unos de Tudela (nuestra ciudad)!! En todo el viaje sólo habíamos visto a tres grupos de españoles, unos de Vitoria en Mexican Hat (ayer), otros en el aeropuerto de Chicago (de un pueblo a 10 kms del nuestro) y hoy a éstos de aquí. Parece mentira que se den estas casualidades de la vida. La verdad que ha sido un rato muy agradable mientras volvíamos del cañón y hemos estado intercambiando impresiones del viaje. Ya habían estado en este blog anteriormente y han prometido comentarnos qué tal lo terminan. !Os esperamos por aquí a la vuelta¡.

Los alrededor de Page son bastante buenos. Está el lago Powel con una gran presa que lo contiene. Hemos preferido dejar para mañana la visita a algunas partes del lago, aunque ya hemos hecho un par de recorridos por él. Hay mucho barquito y muelles para paseos de recreo. Como no le hemos dedicado suficiente tiempo tampoco hemos podido apreciar lo que hay, así que tampoco puedo hablar mucho de él. Mañana, de camino a Bryce Canyon, haremos alguna parada extra.

Page, la ciudad, tampoco tiene mucho jugo, pero hemos pasado un buen rato nocturno en bar muy auténtico (muy poco turístico) que parecía un puticlub por fuera. Por cierto, ¿alguien sabe cómo funcionan aquí los puticlubs? No hemos visto ninguno y nos extraña mucho. Supongo que existirá algún código que no entendemos, igual que en España se utiliza el letrero de “Club” o las luces de neón. ¿Quién puede arrojar luz sobre este asunto? (Evidenmente no tenemos intención de usarlos).

Me despido por hoy. Mañana amanecerá el día 20, mi trigésimo cumpleaños, en un país sobresaliente. Ha sido un gran día. Será difícil de superar.

P.d.: Gracias a todos los que nos seguís desde España. Hace mucha ilusión.

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Arizona, Durante el viaje, Parques nacionales

Día 9. Moab - Mexican Hat

Tiago | 19 Julio, 2009

monumetHoy era previsiblemente una de las grandes etapas del viaje y efectivamente lo ha sido. El Monument Valley es an bonito como lo habían contado.

Antes de nada, hoy es la primera vez que no tengo internet en el motel, así que esta entrada, aunque la estoy escribiendo por la noche, no la publicaré hasta mañana. Pese a este pequeño inconveniente, este motel es uno de los más encantadores de todos los que hemos estado. El hotel se llama Mexican Hat lodge y está en un pequeño pueblo de Utah del mismo nombre. En general, cuando en Estados Unidos hablamos de “pequeño pueblo” realmente estamos hablando de “pequeño pueblo lleno de cosas”. En este caso es pequeño de verdad y, a parte de dos o tres moteles, no hay prácticamente nada. El pueblo recibe este nombre de una estructura natural que se encuentra muy cerquita y tiene forma de sombre mejicano (Mexican Hat). Escogimos este sitio por estar cerca del parque natural (está a unos veinte minutos), pero ya desde que salimos de Moab, y en general todo Utah, tiene una carretera preciosa. Todo está lleno de estructuras gigantes, pero una vez que has visto el contenido de los parques, el resto parece casi normal.

Hoy habíamos decidido tener el día más tranquilo, así que al llegar al pueblo nos hemos dado un baño en la piscina (casi todos los moteles tienen), para ver el Monument Valley por la tarde. Teníamos especial interés en ir a última hora del día para tener una mejor iluminación. Es una pena no tener tiempo para ver todos los parques al atardecer o amanecer, ya que la percepción que se tiene a una hora y otra son totalmente distintos.

Como no teníamos muy claro qué íbamos a hacer dentro, si coger un tour o hacerlo nosotros en coche, hemos ido relativamente pronto. Por un error de cálculo hemos perdido una hora buscando una gasolinera, ya que hemos preferido hacer un autotour por el parque, por nuestra propia cuenta. Lo recomiendo totalmente, ya que vas a tu aire y los jeeps son bastante caros. Es importante advertir a todo el mundo que hay que repostar en cuanto estemos a 40 o 50 millas de cualquier parque nacional. Dentro no hay gasolineras y las distancias que hay que recorrer son grandes, además con un consumo más alto de lo normal. La entrada puede estar cerca de una gasolinera (no siempre), pero una vez dentro hay que seguir unas cuantas millas.

El tramo de Mexican Hat al Monument Valley es espectacular. Sin ir más lejos, ahí está la que probablemente es la carretera más famosa de Estados Unidos. Una gran recta con cierta pendiente deja ver al fondo las siluetas rojizas de parque. Ha salido en innumerables películas. Entre otras, es el punto donde, sin razón aparente, Forrest Gump deja de correr. Reconozco que estábamos nerviosos recorriendo esos paisajes. Durante todo el último año se nos ha ido repitiendo una y otra vez la imagen de este parque y estar aquí ha sido una sensación poderosa.

El parque sólo vale 5$ y no vale el pase anual de los parques nacionales. No importa lo que costara ya que cualquier euro es bien invertido aquí. El parque se recorre literalmente por un camino de cabras, con continuos baches, desniveles y una enorme polvareda. No está asfaltado y eso es una putada, pero a cambio podemos decir que tiene más encanto. La carretera no estropea ninguna fotografía, porque prácticamente no la hay. Aquí todo es fotografíable. Con permiso del Antelope Canyon (que veremos mañana), puede que no haya otro sitio en este país que sea más fotogénico que éste. Todo es una foto espectacular, aunque insistiré en que cambia mucho de las 4 de la tarde a las 8. Todo gana muchos enteros y el objetivo de la cámara lo agradecerá. Después de estar casi tres horas dentro, hemos tenido que ir a todo correr para intentar aprovechar las buenas horas de luz. Nos ha sorprendido lo pronto que ha anochecido aquí. A las 8 ya casi estaba a oscuras.

El parque lo llevan los navajos y están más o menos por todos los lados. Por error nos hemos metido por un camino prohibido (no señalizado) y hemos acabado en lo que parece ser las casas donde viven ellos. Ha aparecido un navajo que si hubiera tenido una escopeta nos habría disparado. Éste ha sido nuestro único contacto con ellos y en general no me han parecido demasiado amigables, pero no tengo demasiado criterio.

De vuelta hemos estado cenando en el propio motel que tiene un encantador “Steakhouse”, en el que nos hemos quedado hipnotizados viendo cómo hacían los chuletones en una barbacoa con llamas que se balanceaba de un lado a otro. En este mismo sitio hemos estado echando una cerveza por la tarde con los dueños y camareros, tipos muy auténticos, y uno de ellos se ha puesto a cantar una canción de la 66. Reconozco que no sabía que la ruta tuviera una canción “oficial”, pero parece ser que sí.

Estar aquí en Utah con una cerveza en la mano en la barra de un bar a 40ª escuchando cantar a un tío con sombrero vaquero una canción de la ruta 66, una hora antes de visitar el Monument Valley, no tiene precio. Lo garantizo.

p.d.: Hoy es el día que más fotos hemos hecho, pero no tengo tiempo de colgar más que una cualquiera. A la vuelta, más. Ah, otra cosa más. Hemos entrado en el Hole ‘n the rock, que es una casa acojonante construida por una familia dentro de la roca.

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