Día 6. Amarillo - Albuquerque
Tiago | 16 Julio, 2009¡Espero no tener hoy problemas con el wifi! Otro día más de ruta desde Texas hasta New Mexico atravesando el corazón de la ruta madre. Hoy, además, hemos tenido que ajustarnos al cambio horario del que ya hablamos en su día. Con el cambio de estado tocaba retrasar una hora, así que hoy ha tenido 25 horas para nosotros. Eso sí, no hemos notado el mini “jetlag” de esa horita.
El día ha comenzado visitando el Cadillac Ranch, que está a las afueras de amarillo. También hablamos hace unos cuantos meses de este punto de interés, pero recordaré que son diez cadillacs plantados literalmente en medio de la nada. Tienen todo el morro incrustado en el coche y están ligeramente inclinados. Esta idea se le ocurrió a un millonario excéntrico hace más de treinta años y se ha convertido en un gran reclamo turístico de la 66. El principal interés es que todos los coches están pintados con graffitis por todo el mundo que los visita y el resultado es realmente colorido. En los coches se observan una capa muy gruesa de pintura de las miles y miles de personas que han pintado encima una y otra vez. Nosotros no llevábamos pintura, pero había bastantes botes llenos en el suelo y la gente los iba usando y dejando de nuevo. No sé muy bien quién lleva esos botes, aunque supongo que algunos viajeros como nosotros los usarán y después los dejarán para quien viene detrás de ellos. Por supuesto que hemos dejado nuestra huella (en mi caso morada). Esto, igual que otras muchas cosas, no dejaría de ser una tontería si no fuera porque se ha convertido en un icono importante de la ruta 66 y puedo asegurar que cuando estás entre los coches se respira ese ambiente especial.
No hace falta decir que hemos pasado por innumerables pueblos, gasolineras y demás. Sería imposible hacer un inventario de las cosas que pone la gente en sus establecimientos y sus casas. Un detalle que he podido observar, aunque puede que sólo sea mi percepción, es que el número de banderas americanas ha descendido considerablemente. Desconozco si la exaltación de la bandera corresponde más a un partido político que otro y, por tanto, al cambiar de estado estamos cambiando de “signo”. Quizás simplemente sea una cuestión de tradición. Quizás sólo sea que no nos hemos fijado bien…
Lo que significa la 66 es bastante difícil de explicar. No es un conjunto de atracciones o monumentos, sino que es toda una cultura e historia. En los últimos años la ruta se ha convertido en algo espiritual, el “66 dream” que se ve en muchos carteles, pero al margen de todo eso es como si se hubiera detenido el tiempo en los centenares de lugares por los que antaño discurría la floreciente carretera. Para que se pueda entender intentaré buscar una similitud con Europa o España. Si alguien decidiera hacer una ruta de castillos en España podría ir por diferentes puntos y lo que acabaría descubriendo no es un conjunto de piedras dispuestas de una forma determinada. Estaría observando la historia de lo que fue esa época. Evidentemente tenemos que salvar las distancias, ya que la basta historia europea es incomparable, pero el concepto es el mismo. Si alguien cree que la 66 es sólo un conjunto de gasolineras y bares de moteros se estará equivocando. O simplemente no le atraerá esto, que todo puede ser, pero probablemente tampoco estaría leyendo este blog ahora mismo.
Ya me he perdido. Uno de los puntos a destacar es el “midpoint” (punto medio) en el que la distancia a Chicago es la misma que a los Ángeles. Hay un pueblito en ese punto, con un encantador bar muy cincuentero con un no menos encantador dueño. Merece la pena parar aunque sólo sea para respirar la alegría que transmite ese hombre. Es verdad que de todo se hace negocio, como no podía ser menos, pero tenemos la permanente sensación de que todo el mundo se alegra de vernos y yo no estoy acostumbrado a esa sensación en el sector servicios. Una de las cosas más difíciles de la ruta es distinguir la paja del trigo, me refiero a distinguir lo auténtico de lo puramente turístico. De lo segundo hay mucho y suele estar entremezclado. Hay que estar al loro.
Como ya comentaba ayer, las cosas han cambiado un poco en la ruta. Si los primeros días era bastante decadente (para mí era especialmente atractivo), luego pasó a ser auténtico pero aún vivo (casi todo abierto), ahora nos vamos encontrando un ambiente más de los 40 o 50, muy en la línea “Grease”.
Podría comentar que por primera vez hemos comido fatal. Ha sido en un restauramente mejicando en Moriarty, que estaba especialmente recomendado en la ruta y, aunque no lo recuerdo exactamente, tenía nombre español. Mejor evitarlo.
Me salto muchas cosas, hasta que hemos llegado finalmente a Albuquerque, donde teníamos motel reservado. La verdad es que no nos ha gustado especialmente. La ciudad, para quien haya jugado, me ha recordado mucho al GTA San Andreas, por el tipo de casa y barrios. Hemos estando en un barrio llamado “Old town” que viene a ser una especie de reconstrucción de lo que pudo ser la ciudad original española. No es histórico, sino una recreación. Bonita, pero de mentira. El pueblito que han montado es bastante majillo, con todas las casitas como de arcilla, y estaba llena de tiendas de latinos que básicamente eran como los “todo a cien” españoles. El ambiente no era especialmente bueno y ha sido imposible encontrar un sitio para tomar una cerveza. En general no lo recomendaría.
Por primera vez hemos tenido una cierta (sólo cierta) sensación de miedo. El ambiente por la calle no tiene nada que ver con el resto de los pueblos y ciudades que hemos visitado. Aquí es todo muy mejicano, hay mucho latino por todas partes y el aire de la ciudad no se parece al resto. No te sientes especialmente cómodo andando por ahí, además no hay iluminación nocturna. Hemos llegado a pensar que se habían fundido las luces de alguna estación eléctrica.
Eso sí, aquí se encuentra el mejor restaurante de todos los Estados Unidos (o casi). Hemos llegado hasta él porque ya lo habíamos descubierto previamente, el Route 66 dinner, del que también hablé hace tiempo. Cumple con todas las expectativas. Es un restaurante de los 50 muy en la línea de donde tomaban los batidos en “Grease” o el “pitch pitt” de “Sensación de vivir”. No recomendaría una larga visita a Albuquerque, pero recomiendo encarecidamente parar a comer o cenar y disfrutar de tan romántico lugar.
Como siempre se me quedan cosas en el tintero. Ah, !!Por primera vez hemos visto montañas¡¡ Hasta ahora el país ha sido increíblemente plano. Otro rato tengo que hablar también de los camiones…
Mañana abandonaremos durante una semanita la 66 para recorrer Colorado y Utah y empezar a disfrutar los primeros parques nacionales. Comenzaremos con el aperitivo de Mesa Verde…
Ah joe, se me olvidaba. !!Hemos visto una especie de mini tornado¡¡¡ Parecía poco potente, pero hemos sentido algún tirón en el coche. El cielo estaba totalmente despejado y ha aparecido de repente un único nubarrón con una especie de embudo que levantaba polvo. Por cierto, si alguien tiene una versión mejor de lo que es esto que lo comente por aquí.
Me gustaría saber algo del grupo que iba detrás de nosotros. ¿Qué tal les irá?





