Día 22. San Francisco II
Tiago | 7 Agosto, 2009Ya desde España¡ Qué pereza. Hace unos días desde qué vinimos y la aclimatación a la vida ordianria ha sido realmente dura¡¡. En fin, terminaré el relato de los últimos del viaje, aunque realmente sólo fue uno más, ya que lo demás fue desplazamiento.
El último día en San Francisco lo reservamos para ir a Sausalito cruzando el Golden Gate y darnos el último homenaje con la comida. Este día no teníamos noche en ningún hotel, ya que el avión salía por la noche de madrugada y no merecía la pena, pero podíamos estar todo el día en la ciudad. Era un día completo de ocio. Como decía queríamos darnos un homenaje de comida en una marisquería al otro lado de la bahía. Es difícil de explicar sin verlo en un fotografía aérea, pero en San Francisco hay una gran bahía y se comunica con el otro lado a través de tres puentes. El más conocido es el Golden Gate y es el más cercano a la apertura al Pacífico. La verdad que pasar por el puente es un experiencia muy agradable. El puente es rojo intenso y está perfectamente cuidado, como casi todo en este país. Como comenté en el anterior post, es difícil encontrar esta ciudad sin niebla, así que cuando estás cruzando el puente no ves el fina ni ves el paisaje. Como comentábamos, la sensación es muy parecida a subir al cielo (si se hiciera en coche, claro). Si existe el cielo y se accede por autopista estoy seguro de que la entrada será muy similar a cruzar el Golden Gate con niebla.
Tras él nos esperaba Sausalito, que para entendernos viene a ser la versión americana de los pueblos costeros de pescadores. Como está más lejos, primero fuimos al pequeñito pueblo de Tiburón que tiene unas cuantas tienditas y algunos chiringuitos para comer algo de pescado. Si vas justo de tiempo no merece la pena acercarse a Tiburón, pero como nosotros habíamos destinado toda la mañana y mediodía, nos acercamos a echar unos calamares hasta una de las terrazas (concretamente la que recomendó Fernandoontheroad). Las terrazas tienen las típicas lámparas de calor, ya que repito que en San Francisco hace mucho frío. Tienes que estar prevenido de esto. Una de las curiosidades es que el plato de calamares (realmente era una especie de cucurucho) lo trajeron tapado con un plato y nos dijeron que lo mantuviéramos así mientras no comíamos ya que las gaviotas se lanzan a por los calamares.
En Sausalito nos costó encontrar el centro turístico y a punto estuvimos de irnos desencantados de allí. La zona del puerto y del barco es bastante larga y no sabes muy bien donde parar el coche, así que nos guiamos por el GPS. Hasta este momento, el navegador siempre nos había dejado en el centro de la ciudad que suele ser el Town Hall (el ayuntamiento) y casi siempre acierta. En Sausalito no, y tuvimos que preguntar hasta que llegamos a donde realmente está el ajo. Por si te ocurre, la zona de restaurantes y donde hay gente es en el inicio, es decir, la parte más cercana a San Francisco. Si vas en coche podrías encontrarte con el mismo problema que nosotros.
Allí hay muchos restaurantes para comer y zonas para pasear. Las vistas de San Francisco son magníficas y casi todos los chiringuitos aprovechan para tener terrazas a un metro del mar. Se agradece ver cartas de pescados más sofisticadas. Por supuesto nada puede igualar a los platos tan extraordinarios de nuestras costas españolas, pero por primera vez en USA ves platos de pescado de verdad. Hay almejas crudas, ostras, cangrejos, etc. Cuando pides un crab (cangrejo) sólo había de un tipo y no es común por aquí. Es una especie de mezcla entre centollo y buey y está exquisito. Lo cocinaron de una forma un poco extraña por estos lares, ya que era caliente con un ligero, muy ligero, sabor a ajo. Hay una norma que se cumple por aquí y es que, por lo visto, el paladar norteamericano no admite el sabor a pescado, y todos los preparados del mismo se preparan de manera que engañe el sabor. Así por ejemplo el otro día cenamos una sopa de pescado que sabía a orégano. En este caso el cangrejo estaba delicioso y abundante, y nos pusieron una especie de babero de papel con un dibujo de marisco y el camarero no accedió a que nos lo pusiéramos nosotros mismos. Lástima que el viento se lo llevaba y me incomodó un poco el disfrute, pero fue un acierto de plato. De segundo pedimos un pescado blanco, entre lenguado y rodaballo, pero con un sabor más intenso. También un gran acierto que nos había recomendado el camarero. Por último una especie de mezcla de diferentes mariscos, vieiras, gambas y demás con una salsa extraña. Todo de primera calidad regado con el único blanco californiano que probamos el todo el viaje. Ya hablaré en algún post de eso, pero el vino es extraordinario, incluso los más baratos (aunque todos son muy caros).
Con la tripa contenta nos fuimos a dar los últimos paseos por distintas partes de San Francisco. Estuvimos buscando algunas tiendas para hacer compras y pasear de nuevo por el downtown. Conseguimos llegar a la calle Lombard que es una de las más empinadas del mundo y, para salvar la pendiente, serpentea de forma más retorcida que el puerto más extremo del mundo. Volvimos a comprobar los excesos de las cuestas, teniendo incluso problemas para subir algunas de ellas con el coche. Para colmo todas las cuestas culminan en stops o semáforos y todas las filas de coches se apilan en pendientes que sólo se pueden igualar a las de las salidas de los garajes.
Por último fuimos a echar una copia a uno de los bares del centro. No sé si lo comenté, pero en el centro financiero de San Francisco hay unos bares muy peculiares. Entre los edificios, donde generalmente se encuentran calles estrechas, partes traseras de los edificios y escaleras de emergencia “made in America”, han montado terrazas de moda y el ambiente es muy acogedor. Último brindis por el viaje y había que poner rumbo al aeropuerto.
Esa tarde ya se respiraba en el ambiente. Nos íbamos. Esta gran aventura llegaba a su fin sin darnos cuenta y la mezcla de tristeza y satisfacción se fueron haciendo más poderosas conforme avanzaba el tiempo. No cabía ninguna duda, habíamos planificado el viaje de nuestra vida y teníamos la certeza de que así había sido.

Jejeje, al ver lo de tiburón había pensado por un
Freddd | 4 Septiembre, 2009Jejeje, al ver lo de tiburón había pensado por un momento que era el pueblo donde se rodó la mítica película de Spielberg pero logicamente no es. Tiburón se rodó en Edgardstown, en Massachusetts. esto me recuerda a que tengo que comenzar a ampliar la sección sobre cine de la web.