Día 23 y 24. San Francisco - Chicago - Madrid
Tiago | 7 Agosto, 2009¡Qué pereza! Había que volver y nos esperaba un largo camino por recorrer. La noche del jueves al viernes, a las 6 de la madrugada, cogíamos el vuelo interno a Chicago para llegar a las 12 del mediodía del día 23. Esa tarde cogeríamos otro vuelo para llegar a Madrid a las 7 de la mañana del día 24. En los relojes iban a pasar 24 h. entre los dos vuelos y la espera en Chicago, pero con el cambio horario sólo eran 16.
Íbamos al aeropuerto con demasiado tiempo, llegando 7 horas antes de la salida. No queríamos correr riesgos ya que un problema con la salida del vuelo interno nos echaría al traste la vuelta a Madrid. El aeropuerto de San Francisco es muy grande, pero no está del todo preparado para pasar varias horas allí, especialmente en la terminal “domestic” que es de la que salen los vuelos internos. Después de un infructuoso intento de hacer check-in a esa hora, tuvimos que mendigar con las maletas por todo el aeropuerto. Como teníamos tiempo nos fuimos en el tren hasta la terminal internacional donde había más restaurantes y tiendas, aunque a esas horas estaba casi todo cerrado. Nos extrañó, además, no encontrar prácticamente nada de lectura en español, especialmente teniendo en cuenta la cantidad de hispanohablantes que hay en esta zona.
Aunque si algo destaca en la gente aquí es la cantidad de chinos que hay. Lo dominan todo. Cualquier restaurante, hotel, servicio o simplemente paseando por la calle, te encuentras a mil chinos. Casi nos extrañó no encontrarnos uno en el maletero cuando nos despedimos del coche (por cierto, dio mucha pena dejar a nuestro fiel compañero de viaje que se ha portado como un campeón en las condiciones más duras).
Nos fuimos acercando a nuestra terminal con la intención de esperar en alguna silla cómoda y echar una minisiesta tipo “metro”. Mientras yo hacía crucigramas en inglés y Susana intentaba dormir, apareció un chino equipado con plásticos y almohadas y, escondiéndose tras una mampara, se dispuso a dormir en toda regla en el suelo enmoquetado. Después de un despertar confuso tras una cabezada de 5 minutos, decidimos tirarnos al suelo ocultos por nuestras grandes maletas que nos protegía de cualquier amenaza exterior. Cual fue nuestra sorpresa cuando, al despertar finalmente, vinos que más gente nos había imitado y había una familia junto a nosotros haciendo lo propio.
La verdad es que dormir en el aeropuerto no mola nada, pero se paso el rato volando. Además, cuando llevas dos horas andando con el carrito de las maletas empiezas a tener una sensación de vagabundo importante, por eso se hace más natural el tumbarte a echar una siestita.
Cuando facturamos no había forma de enterarse de lo que decía la tía (china, nuevamente) y con bastante mala hostia nos decía que teníamos la posibilidad de las maletas pasaran de un avión a otro automáticamente. Nos fuimos con cierta preocupación por la maleta, pero es un efecto que se pasa rápido cuando tienes que quitarte hasta los calcetines para pasar por el control policial. Es exagerado el control de los aeropuertos y, desde mi punto de vista, absolutamente inútil.
El vuelo interno se pasó durmiendo y la llegada a Chicago ya tuvo otra alegría. Eran las doce de la mañana y salimos a echarnos un cigarrito y volver a recordar lo que habían cambiado las cosas desde que pisamos ese aeropuerto por última vez. El tiempo ya es muy cálido y, como nos movimos por la terminal de Iberia, ya se empiezan a ver españoles por doquier. La vuelta a la realidad comienza ya en el aeropuerto de Chicago.
Después de 8 horitas entre películas y comidas de avión, aterrizamos en Madrid donde, mientras esperábamos las maletas, tuvimos tiempo de cambiar impresiones sobre nuestros respectivos viajes con otras personas que venían también de Chicago.
Comenzaba ya el día 24 del viaje y tocaba la vuelta a casa en el último coche de alquiler, a 300 kms de Madrid. Durante el viaje, muy cansados, empezamos a hacer por primera vez la recapitulación del viaje. Algo de esta envergadura tardará tiempo en digerirse, pero no cabe duda de que hemos vivido una experiencia totalmente inolvidable.
Nos venimos enamorados de un país totalmente desconocido en España.
Ahora toca ir recordando y digiriendo. Seguiré escribiendo con más profundidad de todo lo que vimos y daré detalles sobre todos los moteles, restaurantes y visitas que recomendamos y las que no. Colgaremos fotos y relataremos buenos momentos.
El “antes” y el “durante” se han acabado, pero afortunadamente quedan los recuerdos. No lo dudes Estados Unidos: Volveremos a vernos.
